- Samael, toma el cofre. Encontrarás una hoz que pertenece a Daniel, pastor de los Tronos. Dibuja una línea sobre la roca. Porque he aquí que las aguas deben separarse.
Entonces Samael tomó la hoz, dibujó con cuidado una línea sobre la roca y las aguas comenzaron a separarse.
Génesis 1:6-8 “Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo”.
Luego dijo Dios:
- Sean separadas las aguas y sean creados los cielos. Porque en esta roca habrá de formarse vida. Vida que alabe a Dios y que será protegida por los ángeles.
Entonces se dirigió a Uriel, que estaba a la izquierda de Azrael y le dijo:
- Uriel, saca del cofre las semillas. Semillas dadas por Ariadna. Pastora de los serafines y espárcelas con cuidado. Porque ellas germinarán y de su germinación nacerá todo tipo de árbol. Y crecerá hierba. Y la hierba poblará la tierra. Y la tierra agradecerá los frutos que le han sido dados.
Tomó, pues, Uriel las semillas. Las colocó en sus manos. Las puso delante de Dios para que con su soplo germinaran y luego las esparció por sobre la roca y la roca comenzó a tomar colores y los colores comenzaron a formar árboles. Entonces la roca vio nacer los árboles que dan fruto y las hierbas del campo.
Génesis 1: 9-13 “Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero”.
Lucifer acudió a los bosques. Porque Betsabé le había solicitado reunirse con él. Entonces Lucifer se adentró a los bosques y encontró a la tribulación sentada sobre el pasto, jugando con sus manos. Betsabé lo escuchó acercarse.
- ¿Acaso no somos todos los seres iguales ante los ojos de Dios?
- Lo somos – contestó Lucifer.
- Siendo como dices ¿por qué se nos niega participar de la creación?
- Todos somos iguales a los ojos de Dios. Pero Dios ha dado potestad al Consejo y el Consejo ayuda a Dios en los asuntos que él proclame.
Entonces Betsabé se puso de pie y se acercó a Lucifer. Comenzó a caminar alrededor de él y colocó su mano sobre el hombro de él.
- ¿Puede el Lucero de la mañana interceder ante Dios para que esta pobre tribulación participe?
- ¿Puede tener alguien injerencia sobre Dios?
- Puede, sí. Tú que eres el más apreciado de los Principados. Que presides el Consejo y que eres la mano derecha de nuestro dios – y Betsabé lo rodeó con sus brazos y besó su mejilla.
Gabriel acababa de llegar a los bosques, porque Betsabé lo había citado para estar juntos. Pero al mirarla rodear con los brazos a Lucifer y besar su mejilla dio media vuelta y se marchó. Y la ira entró en Gabriel. Y desde entonces tribulación significa mortificación. Y Betsabé sedujo a Lucifer y este se dejó seducir y fue más de él que de Gabriel. Donde Gabriel había colocado caricias, Lucifer se encargó de poner deseo. Betsabé lo había incitado y él se encargó de que ella supiera que había cosas mayores. Ambos fueron del otro, como posesión.

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