Ofelia (Capítulo Once: Solicitud de amistad)
Aquí estábamos otra vez, en lo mismo que habíamos quedado en el último punto y aparte. Otra vez en misa, puntuales como todos los domingos en la misa de las nueve de la mañana, un día de verano, dieciséis de abril, año dos mil. Sentada junto a mis padres, en el lateral derecho del templo. Mi intuición femenina estaba de vacaciones, no se había presentado a charlar conmigo durante la misa, podía poner atención a las palabras del Padre William. - … Dios se abre con nosotros y espera que nosotros tengamos la confianza suficiente para abrirnos con él, como lo hacemos con un hermano, con un amigo. Solo, que, a diferencia de alguna persona, Dios nunca va a traicionar nuestra confianza, podemos confiar en él con total plenitud – un par de años después, mi madrina le confesaría al Padre William que estaba enamorada de él, pero este, lejos de corresponderle su amor carnal, le pidió que asistiera a misa a otra parroquia, lejos de allí, pero siguió acosándolo en las siguientes dos parroquias...