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Una ducha para la monja

 Una ducha para la monja que me vio escribir cinco versos de deseo y de locura, se frotaba en un ir y venir mientras que yo comentaba sobre tu cintura. Y en una barra se pidió una copa de vino escuchando conversaciones sobre primavera, porque esa rola del destino insiste en no desvestirla a la primera. Y me escuchó contar el temblor de tu cadera escala diez de Ritcher en un buen colchón, y se dijo “hombre, quién pudiera dominar de este varón el corazón”. Y yo hablo de ti con normalidad de amor, como se habla de las diosas en los libros, y narro de tus pechos su color y la monjita mira los suyos con delirios. En épocas pasadas se inundó la Tierra con una lluvia de cuarenta noches, tengo con tus bragas una guerra que la gano sin defensa ni reproches. Una ducha para la monja que leyendo  estas sucias líneas que mal escribo poquito a poco con sudor se fue diluyendo imaginando en ti los muros que derribo. Una ducha para la monja, por favor, que un día cualquiera descubrió el arte q...

Separación de bienes

 No encuentro motivo para que un notario

deba decidir lo que es tuyo y lo que es mío,

así que si te parece bien te doy este escrito

para que sepas lo que no me llevaré.


Puedes dejarte la casa, que es lo primero que pensé

por si una lluvia te empapa puedas cubrirte bien,

el carro que a mí no me sirve

porque la ruta caminando la aprendí,

déjate el coffee maker porque sé

que te gusta un buen café igual que a mí.


Las sillas del salón mantenlas por si llegas exhausta

de la cita de manicura que pagué durante un año

para que no pierdas el glamour,

déjate el jabón de tocador para mantenerte perfumada,

las sábanas y el colchón, que a mí solo no me sirven de nada.


No te preocupes por la pantalla plana

jamás te dejaría sin tu novela favorita,

quédate con el perro y la gata

para que te hagan compañía.


Iba a cargar con el estéreo pero pensándolo mejor

déjatelo pues acepto, que bailas mejor que yo,

el espejo de cuerpo entero aunque es preciado para mí

se sentirá más dichoso si tu cuerpo lo anima a existir.


Las ollas y cubiertos, la mesa y hasta el mantel,

la refrigeradora, la lavadora y el ángel de fieltro

que creaste para mí,

déjate la almohada nueva que compré para dormir

una siesta entre tus piernas, siesta que no voy a vivir.


Llévate lo que tu quieras, yo me dejo tu recuerdo

a menos que también lo quieras, te lo doy aunque me muero.

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