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Psicológia Sexual

 Yo tenía un buen pensamiento y un verano esperando para vivir, ella tenía una sonrisa entre sus manos y eso era suficiente para mí. Yo tenía un paso confiado y un secreto para ponerlo en el corazón, ella decía "llevo un sostén ligero estrenémoslo en el colchón". Yo tenía la costumbre de leer junto a la mesa y escuchar música suave mientras leía, pero ella meneaba su cuerpo en mi cabeza susurrando que así no me divertía. Tendía las cobijas para rechazar el frío me tumbaba boca arriba y ella como gata se subía y me desabrochaba el abrigo. Yo llevaba tres misterios del rosario del domingo y seis versículos del salmo noventa y dos, y ella me besaba el ombligo y dándome vuelta me blasfemaba una oración. No se puede ser prudente sin peligrar una ocasión, ni ser del diablo esclavo sin cadenas cuando lo amerita la pasión. Yo tenía una tele sin canales, sin antena y sin color y ella quinientos comerciales de sexo con repetición, un arsenal de posiciones que no sé dónde las inventó, u...

La vida está a un coito de distancia

 

La vida está a un coito de distancia, ni más ni menos. Una distancia tan certera como los veintiún centímetros que ese coito necesita para ser efectivo. Un minuto es suficiente para que la naturaleza se desenfunde y se nutra de aire y respiración. Lo que significa, que, en realidad, ese minuto es más que suficiente para el acto ineludible de la procreación, de la intimidad. Habrá quienes sugieran que un minuto no sirve ni para calentar motores, que el sudor no se produce en ese lapso minucioso de tiempo, esos mismos son quienes necesitan homenajear a sus más bajos instintos, quienes se satisfacen en la lascivia y la opulencia de la carne.

Porque y aquí solicito seriedad a la estimable audiencia, estarán de acuerdo conmigo en que cuando la abejita poliniza a la flor, es el momento mismo de la reproducción. El vuelo que hizo la abeja es apenas un preludio, una metáfora aritmética en disonancia con el fin mismo de su acto. Y aunque es cierto, claro está, que la polinización de nuestra abejita no sería posible sin haber llevado a cabo el vuelo, también es cierto que el destino final es lo que importa.

Imaginemos por un segundo que seamos esa abejita que busca y busca y rebusca una flor ¿no debería la polinización ser más que suficiente para hombres y mujeres?... ¡pero no!, queremos que la abejita agarre a la flor, le dé unos besos negros, le dé de nalgadas, le jale los pétalos… ¿qué es eso? ¡Por Dios! Esas actitudes vergonzosas que únicamente sirven para denigrar la integridad del ser humano. El acto divino de la procreación no debe verse inmerso dentro del asqueroso placer sexual, acto inmoral que conduce a las personas hacia un camino escandaloso dotado de barrios bajos y luces lujuriosas que se revuelcan como animales en la cama.

¡No, señores! La pureza, la intención verdadera del acto reproductor no debe ser mancillado por seres indeseables que solamente buscan saciarse con sudores, latigazos y sabrá Dios cuántas aberraciones más, no somos vacas para que nos estén sacando la leche en cuanto momento se les antoje, dejemos de oprimir las virtudes que nos fueron dadas y liberémonos del escándalo sexual en el que vivimos. Que la sexualidad desmedida nunca se atreva a acercarse a nuestro lecho conyugal, que nunca seamos víctimas de pensamientos obscenos ni de jueguitos de policías o doctores, porque eso, eso precisamente nos enferma la mente y nos convierte en animales salvajes, escudriñemos dentro de nosotros mismos y seamos fieles a los principios espirituales que por los siglos de los siglos ¡Amén! Nos fueron dados en confianza del Creador, seamos angelitos de cuerpo y alma, querubines de los santos pensamientos, lechuzas con los ojos abiertos para ver el mal, maripositas para mover las alas y alejarnos de esas tentaciones que quieren mandarnos a profanar nuestros preciosos y delicados seres…

-            ¡Samuel! ¿ya terminaste de escribir esas pendejadas?

-            No, querida, estoy tratando de canalizar mis ideas.

-            ¡Puta! Samuel ¡apúrate que llevo puesto el enterizo negro que te enciende como a un felino!

-            Y yo perdiendo el tiempo en estos borradores, ¡ahí te voy, mi gatita deseosa de lácteos!


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