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Nos despedimos

 Ahí me tienes ayunando los besos que no recibo y los abrazos que sin sentido le doy al viento porque tu amor me lo perdí. Y no hablemos de la magia porque cualquier amor se lanza por la ventana, imagina como perdí la cabeza por ti. Toda despedida nunca viene sola, siempre trae pedazos de cristales que se rompieron y que nunca más se reunieron por mucho que avancen las horas. Te dedico el sueño que tenga hoy en la noche porque de seguro que sueño contigo, y entérate que cuando lloro me maldigo por amarte tanto. Pobre el amor, porque lo despedí de su puesto, ya no cumplía con su trabajo a tiempo y aunque costó, aceptó su jubilación. Aquí me despido dejándote esta mala nota de amor, palabras más, palabras menos, que este tren no pierda los frenos y que el último amanecer, amanezca mejor. Aquí me despido, huérfano, con epidemias de lutos por amores que sucedieron hace algunos segundos, y luchas internas odiando con un café las lujurias que se mofaron de mi buen querer. Quédate tú aman...

La vida está a un coito de distancia

 

La vida está a un coito de distancia, ni más ni menos. Una distancia tan certera como los veintiún centímetros que ese coito necesita para ser efectivo. Un minuto es suficiente para que la naturaleza se desenfunde y se nutra de aire y respiración. Lo que significa, que, en realidad, ese minuto es más que suficiente para el acto ineludible de la procreación, de la intimidad. Habrá quienes sugieran que un minuto no sirve ni para calentar motores, que el sudor no se produce en ese lapso minucioso de tiempo, esos mismos son quienes necesitan homenajear a sus más bajos instintos, quienes se satisfacen en la lascivia y la opulencia de la carne.

Porque y aquí solicito seriedad a la estimable audiencia, estarán de acuerdo conmigo en que cuando la abejita poliniza a la flor, es el momento mismo de la reproducción. El vuelo que hizo la abeja es apenas un preludio, una metáfora aritmética en disonancia con el fin mismo de su acto. Y aunque es cierto, claro está, que la polinización de nuestra abejita no sería posible sin haber llevado a cabo el vuelo, también es cierto que el destino final es lo que importa.

Imaginemos por un segundo que seamos esa abejita que busca y busca y rebusca una flor ¿no debería la polinización ser más que suficiente para hombres y mujeres?... ¡pero no!, queremos que la abejita agarre a la flor, le dé unos besos negros, le dé de nalgadas, le jale los pétalos… ¿qué es eso? ¡Por Dios! Esas actitudes vergonzosas que únicamente sirven para denigrar la integridad del ser humano. El acto divino de la procreación no debe verse inmerso dentro del asqueroso placer sexual, acto inmoral que conduce a las personas hacia un camino escandaloso dotado de barrios bajos y luces lujuriosas que se revuelcan como animales en la cama.

¡No, señores! La pureza, la intención verdadera del acto reproductor no debe ser mancillado por seres indeseables que solamente buscan saciarse con sudores, latigazos y sabrá Dios cuántas aberraciones más, no somos vacas para que nos estén sacando la leche en cuanto momento se les antoje, dejemos de oprimir las virtudes que nos fueron dadas y liberémonos del escándalo sexual en el que vivimos. Que la sexualidad desmedida nunca se atreva a acercarse a nuestro lecho conyugal, que nunca seamos víctimas de pensamientos obscenos ni de jueguitos de policías o doctores, porque eso, eso precisamente nos enferma la mente y nos convierte en animales salvajes, escudriñemos dentro de nosotros mismos y seamos fieles a los principios espirituales que por los siglos de los siglos ¡Amén! Nos fueron dados en confianza del Creador, seamos angelitos de cuerpo y alma, querubines de los santos pensamientos, lechuzas con los ojos abiertos para ver el mal, maripositas para mover las alas y alejarnos de esas tentaciones que quieren mandarnos a profanar nuestros preciosos y delicados seres…

-            ¡Samuel! ¿ya terminaste de escribir esas pendejadas?

-            No, querida, estoy tratando de canalizar mis ideas.

-            ¡Puta! Samuel ¡apúrate que llevo puesto el enterizo negro que te enciende como a un felino!

-            Y yo perdiendo el tiempo en estos borradores, ¡ahí te voy, mi gatita deseosa de lácteos!


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