-
Cierto,
tienes razón, hay nombres que definen a las personas.
-
Pues
si es así, Larry, este chico debe haber sido un personaje digno de conocer.
-
Lo
era, ciertamente que sí. Era una persona de esas que la vida te pone solo una
vez, porque los astros no son para todos – Larry miró a su alrededor, puso voz
melodramática y continuó – por eso el mismísimo William Shakespeare usó su
nombre para una de sus mejores obras.
-
Romeo
– suspiró el otro.
-
¡Oh,
Romeo!, ¡Romeo! ¿dónde estás que no te veo? – y los dos hicieron un minuto de silencio mientras degustaban la cerveza.
Diario de Bianca, página 23
De hace mucho tiempo lo conocía, ya van
varios años, aunque nunca fuimos de sentarnos a hablar de corrido, un saludo,
alguna conversación en el almuerzo, pero fuera de eso, muy poco de lo que yo
recordara que hablara con él. Pero en esas pocas veces que conversamos me quedó
claro algo, Romeo es un diamante de persona, una exquisitez de educación, un
ejemplar que engalana por todo lo alto lo que debe ser un humano. Es alguien
simple, tan transparente que no aparenta lo que no es.
Titular de Noticiero
Aumenta ola de crímenes en el país.
Recorte de periódico
Hombre joven es hallado muerto en Parque
Central de Alajuela a altas horas de la noche, no se detalla la presencia de
testigos en la escena del crimen.
Anotaciones de Larry
Era un tipo de buen ver, un buen partido,
la clase de hombre que a una chica le gustaría presentarle a mamá. Me pregunto
cuántas Julietas habrán estado rondando cerca en busca de este Romeo.
Diario de Bianca, página sin numerar
Creo que cuando por fin nos sentamos a
hablar, a pocas personas he conocido con el ímpetu de este muchacho, su
disposición, su sonrisa, su elegancia que es lo que más le admiro, porque viste
tan bien y sin embargo sigue teniendo pinta de ser un amor de persona. Nada más
equivocado que la opinión que tiene de sí mismo, y si como él piensa es cierto,
eso de que a muchos no les cae bien, yo no entro en ese grupo, a mí me gusta la
gente con energía, con amor por la vida. Es un hombre amable, que se olvidó de
llevar su tristeza al frente como carta de presentación, marcado por la vida de
sacrificios que llevó en su etapa más joven.
Pocas veces le veo el color amarillo, ese
que simboliza armonía y que tan bien le iría en su armario.
Encuentro en el bar
-
No
entiendo – Larry lo miró con cara de estúpido – si opinaba tan bien sobre
Romeo, ¿por qué lo mató?
-
Sabes,
pedazo de imbécil – el otro miró atónito – a veces, solo a veces, el ser humano
es tan salvajemente animal que vemos en los demás, cosas que nos gustarían
reflejar a nosotros.
-
¿Envidia?
-
No, no tiene que ver con envidia.
-
¿Qué
es entonces?
-
Anhelo…
– el otro se quedó sin entender – hay gente que irradia felicidad y cuando
nosotros queremos eso para nosotros mismos, no es envidia, es anhelo de ser
mejores, hay gente que nos inspira a ser como ellos. Eso se llama: ganas de
aprender a vivir.
Diario de Bianca, página 8
Imagino que los padres de este muchacho
habrán sido ávidos espíritus de la literatura, de ahí debe haber venido su
nombre, que significa “peregrino”. Ese significado explica las diferentes
etapas que él ha debido superar para llegar hasta dónde está en la actualidad
y ser la persona perseverante que es.
A Romeo lo encontré en un gimnasio y no es
que yo vaya a esa clase de lugares, pero cierta amistad me pidió retirar unas
cosas y la casualidad es algo tan certero que rara vez no hallamos a quien
ocupamos. Ahí estaba ese chico, tratando de entender cosas que habían pasado,
fantasmas que se niegan a irse de su vida, amores que naufragan entre las
dudas. Tantas veces ha buscado una Julieta y no se da cuenta que Julieta
únicamente es una manera de morir, porque así es el amor, una cadena perpetua
que llevamos en el alma.
Salimos charlando del lugar, el reloj casi
daba las siete de la noche, a esa hora los sonidos son más leves, las nubes se
detienen casi por completo para mirar a las personas. Entonces lo entendí,
Romeo ya tenía una Julieta, su amor por la vida.
De repente parecíamos dos amigos de
siempre, hablando por aquella acera, contando cosas que nunca diríamos frente a
nadie, Romeo me contó de amores que guardaba en secreto y yo le narré algunos
pecados que habían llegado por cosas de la vida, por situaciones que nadie
espera, pero que llegan.
Entonces tropezó, resbaló y golpeó una de
las rodillas contra el filo de la acera, nos sentamos, me permití mirar para
chequear que no fuera grave y le ofrecí una pastilla que llevaba conmigo para
el dolor. Todos merecemos que un ángel se aproxime y nos saque de nosotros
mismos, se la tomó con total confianza y fue cuestión de unos minutos para que
el opio hiciera efecto, quedó aturdido, sin poder levantarse, me pidió entre
risas que lo ayudara a llegar a su carro y así lo hice, pero no podía
permitirle manejar así que yo tomé el volante, continuó riendo a más no poder y
sin querer me empujó de manera que casi me salgo de la vía. Entonces lo empujé
contra su asiento.
-
¡No
nos llevemos así! – me gritó.
Empezamos a discutir y desgraciadamente la
paciencia no es uno de mis fuertes. Así que frené el carro, busqué entre las
cosas que llevaba en mi bolso, volví a sentarme y giré mi brazo derecho. La bala
había atravesado el pecho de Romeo y ya no reía, ahora se quejaba del dolor, metí
el dedo en el hueco que había quedado en él y lo abrí con mi mano derecha tanto
como pude, con la mano izquierda acomodé la pistola en el lugar que estaba ya
abierto, la dirigí hacia el lado derecho de su cuerpo y entonces realicé el
segundo disparo. Estuve con él hasta que sus manos dejaron de apretarme y supe
que había descansado de sus dolores. Limpié mi sudor, conduje cerca de una hora
hasta llegar a la ciudad de Alajuela, di varias vueltas alrededor del parque
hasta que no vi a nadie cerca, era casi medianoche. Bajamos, bueno, en realidad
bajé yo y luego bajé a Romeo que parecía un borracho sujeto a mi hombro, nos
sentamos en una de las bancas que está frente al museo y lo acomodé.
Quedó acostado en posición tranquila, puse
una rosa sobre su pecho sujeta por sus manos y me devolví a la capital. Al día
siguiente hablaban los noticieros sobre el cuerpo de un muchacho con una rosa,
como si aquello fuera un acto ceremonial o estuviera sacado de alguna novela
romántica.
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