Yo tenía un buen pensamiento y un verano
esperando para vivir,
ella tenía una sonrisa entre sus manos
y eso era suficiente para mí.
Yo tenía un paso confiado y un secreto
para ponerlo en el corazón,
ella decía "llevo un sostén ligero
estrenémoslo en el colchón".
Yo tenía la costumbre de leer junto a la mesa
y escuchar música suave mientras leía,
pero ella meneaba su cuerpo en mi cabeza
susurrando que así no me divertía.
Tendía las cobijas para rechazar el frío
me tumbaba boca arriba
y ella como gata se subía
y me desabrochaba el abrigo.
Yo llevaba tres misterios del rosario del domingo
y seis versículos del salmo noventa y dos,
y ella me besaba el ombligo
y dándome vuelta me blasfemaba una oración.
No se puede ser prudente sin peligrar una ocasión,
ni ser del diablo esclavo sin cadenas
cuando lo amerita la pasión.
Yo tenía una tele sin canales, sin antena y sin color
y ella quinientos comerciales de sexo con repetición,
un arsenal de posiciones que no sé dónde las inventó,
una licencia, un doctorado en lubricación,
yo acabé por ir a confesarme a la iglesia
y adentro del confesionario...
estaba ella lista para hacerme el amor.
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