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Evangelio del Arcángel Miguel (Capítulo Tres)

  Betsabé se entregó a Gabriel, ante mi mirada atónita. Betsabé lo cubrió de besos y él le correspondió con caricias y palabras suaves. Los labios de Gabriel la recorrieron por completo, sin dejar ninguna parte sin besar. Betsabé hizo lo mismo. Se anduvieron mutuamente, sin urgencia. Cuando hubo terminado aquello me retiré. Ellos quedaron solos, como debió haber sido desde un principio. Entonces ella volvió a abrazarlo. - ¿Acaso no está bien lo que hacemos? - Lo que hacemos no tiene sentido de ser para los demás. - Pues de Dios son todas las cosas – contestó ella – no debería esto ser diferente. - Y no lo es. Pero temo que no sea comprensible para todos. - Entonces que no se enteren que Gabriel, la voz del Consejo Divino, uno de los elegidos por Dios cayó ante la dulce Betsabé – y volvieron a besarse. Cuando fue el momento acordado, se reunió el Consejo y estaba Gabriel también. Sentado en la silla que comandaba la mesa. A su derecha estaba Lucifer y Rafael estaba sentado a la izqu...

A ojos de buen entendedor

 Hablando seriamente frente a frente con el espejo

llegamos los dos a conclusión

de que no es justo que tú seas tan hermosa

y yo sea sólo un bufón.


A ojo de buen conocedor te ves tan bella en el sillón

con tu pose tierna de sirena,

coqueteándole al reloj que en la pared marca las dos

y se me aflojan las piernas

de tentarme con tu amor.


Maldita sea la puerta que hay entre tú y yo

que me prohíbe mirarte al desvertirte,

y pone en mi mente ese ruido que ni mi corazón entiende

pero que acelera mi emoción, vivo tan triste.


A ojo de buen conocedor no es posible que me ignores

si es tan obvio que te sueño,

si hasta tu sombra sabe lo que siento

cuando me sonríes sin razón.


Francamente no te entiendo,

hablemos bien claro sobre esto

porque no puedo sólo ser yo el que te desee,

juega conmigo lo que quieras

pero no me des un beso en la frente

que me llenas de tristeza.


Sabe más el diablo por perro que por diablo,

y si me tiras un hueso soy capaz de ir a traerlo,

porque aunque tú me ignores

esto tiene que ser amor.


Lamento que ya no vuelvas a hablarme

pero déjame soñarte... para no morir de amor.

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