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Una ducha para la monja

 Una ducha para la monja que me vio escribir cinco versos de deseo y de locura, se frotaba en un ir y venir mientras que yo comentaba sobre tu cintura. Y en una barra se pidió una copa de vino escuchando conversaciones sobre primavera, porque esa rola del destino insiste en no desvestirla a la primera. Y me escuchó contar el temblor de tu cadera escala diez de Ritcher en un buen colchón, y se dijo “hombre, quién pudiera dominar de este varón el corazón”. Y yo hablo de ti con normalidad de amor, como se habla de las diosas en los libros, y narro de tus pechos su color y la monjita mira los suyos con delirios. En épocas pasadas se inundó la Tierra con una lluvia de cuarenta noches, tengo con tus bragas una guerra que la gano sin defensa ni reproches. Una ducha para la monja que leyendo  estas sucias líneas que mal escribo poquito a poco con sudor se fue diluyendo imaginando en ti los muros que derribo. Una ducha para la monja, por favor, que un día cualquiera descubrió el arte q...

Sin fe o tentación

 Cuídate como se cuida el agua del río

como cuido el papel en que escribo los versos de amor,

como si no hubiera otro día de frio

y yo al final siempre soy el que sigo ocultando el dolor.


Cuídate como se cuida la flor de la espina,

te tengo en mi corazón aprendiendo a olvidarte,

pero esta idiota manía de quererte aquí

no aprende que yo para ti no voy a ninguna parte.


No le temo ni siquiera al mismísimo infierno

y mi único miedo es no ser capaz de dejarte de amar,

que se apodere de mí cualquier espíritu sin frenos

pero que no me demanden tus labios por quererte besar.


La copa de mi veneno es mí mano vacía sin saber de ti,

este diciembre frío es un asilo sin ventilación

y mi razón se fue de vacaciones a Paris

mientras que yo me quedo varado sin fe o tentación.


Sólo quedan los huesos que ni el perro se atreve a comer

por respeto a lo que fui una vez junto a ti,

el hilo de Penélope comenzó a desaparecer

la misma fecha en que tu y yo nos dejamos de vivir.

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