Terminaron los rumores de guerra,
rodaron los dos películas para adultos
donde ella era directora y protagonista
y él actor amateur, venido a menos
pero con la esperanza de dar la talla y tenerla.
Acción, gritó ella y se tiró a sus brazos,
él la sostuvo apenas con las sombras de sus manos
y ella se sonrió mientras besaba su barba.
Se saltaron la primera página del guión
y él la acomodó en un sillón
para que ella educara sus manos
en tanto él la miraba con pasión.
El sudor decidió salir a escena, sin dejar condena
pero condenándolos a amarse,
aquellos que hacen alarde de buenos amantes
nunca duran diez minutos en la cama.
No hubieron cortes ni cambio de escenografía,
la directora decidió darle vida a su actriz porno
y sacudirse el estereotipo y la filosofía
de mala institutriz.
Ella puso las reglas y él cumplió los requisitos,
dejó de importar el resto del mundo
y ella olvidó los juguetitos que la consolaban,
ahora decidieron hacer segunda parte
con tres cámaras y reflectores
para ver los detalles importantes
y refrescar posiciones.
Un sesenta y nueve terminó con los rumores de guerra
ella es ahora heroína y él el amante educado
que le cumple sus fantasías, colorín colorado
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