Anotaciones de Larry
No todos los muertos son iguales. Algunos
pesan más que otros, y el de Paolo pesó como si le hubieran colgado una lápida
al alma de la ciudad. No solo por la forma en que murió, sino por lo que
representaba. Paolo era luz en un túnel repleto de escombros humanos. Era la
amenaza más seria para desenmascarar a Bianca. Era el tipo de hombre que jode a
los monstruos, porque no les tiene miedo. Paolo sabía. No del todo, pero lo
suficiente. Y ese saber fue su sentencia.
Sabía demasiado. Intuía aún más.
Diario de Bianca, página 61
Hay personas que son como espejos rotos,
se les nota la fractura con solo mirarlas a los ojos. Paolo no. Él era un
vitral entero, de esos que adornan iglesias viejas, iluminados por el sol
cuando menos lo esperas. La gente lo adoraba. Eso me jodía. Nunca me había
sentido tan desnuda frente a alguien. Paolo tenía esa forma de mirar que raspa
el alma. No se escondía. No se doblegaba. Caminaba con el pecho al frente como
si su sola existencia fuera una declaración de guerra contra el dolor del
mundo.
Cuando lo conocí en una de mis charlas,
fue como si me metieran ácido por la garganta. Me miraba como si ya supiera.
Como si me leyera por dentro.
Me habló de resiliencia, de migrar y no
perder el alma, de mantener la fe cuando todo lo que te queda es el ruido del
estómago vacío. Qué asco esa forma de esperanza.
Dijo que me admiraba. ¡Me admiraba! Como
si fuera una santa. El muy imbécil me tenía en un pedestal… y yo ya le había
anotado la hora exacta en que iba a matarlo.
Recorte de periódico
"Muerte de líder comunitario
consterna a barrio de San Pedro. Paolo A., venezolano radicado en Costa Rica
desde hace más de una década, fue hallado sin vida en las instalaciones del
antiguo gimnasio municipal. Las autoridades no han dado declaraciones
oficiales, pero vecinos aseguran que Paolo había expresado sentirse vigilado
los días previos a su muerte."
Diario de Bianca, página 62
No me había pasado antes. Que alguien me
hiciera dudar. Él lo hizo.
Porque Paolo no era cualquier víctima. Era
alguien que podía ver los hilos. Sabía que las coincidencias no son gratuitas.
Y comenzó a hacer preguntas.
¡Preguntas! A los asistentes de las
charlas, a la gente de la comunidad. Buscaba patrones. Me buscaba a mí.
Una noche se quedó hasta el final. Todos
se habían ido. Me dijo:
-
Bianca,
¿usted nunca ha sentido que hay algo raro en cómo esta gente desaparece? Muchos
iban a estas charlas... y después... bueno, usted sabe.
Le sonreí. Le toqué el hombro. Y por
dentro, apreté los dientes. Esa noche supe que no podía dejarlo seguir
respirando.
Anotaciones de Larry
Paolo dejó notas. Notas que la policía
encontró en su departamento. Tenía una lista con fechas, nombres de algunos
desaparecidos, incluso recortes de periódicos viejos. Estaba armando un
rompecabezas que casi nadie se había atrevido a empezar. Un maldito diario con
sus pensamientos.
Uno de los oficiales lo leyó en voz alta
durante la reunión del caso: “No sé qué está mal, pero está mal. Hay una figura
que se repite, una sombra que aparece justo antes de que se apaguen las luces
de ciertas vidas. Y esa sombra... tiene nombre.”
Diario de Bianca, página 64
Yo no mato por placer. Mato por redención.
Pero con Paolo sentí otra cosa. Una rabia casi infantil, como si alguien me
hubiera quitado un juguete. Él me desnudó con la mirada, me desarmó con
preguntas.
Tenía que morir. Pero no rápido. No como
los demás. Fue fácil saber dónde estaría. Él mismo me había dicho que iba a
ayudar a organizar la limpieza del antiguo gimnasio, ese donde daban clases
comunitarias.
Lo esperé desde temprano. Traía su maletín
con herramientas, su camiseta sudada, su sonrisa estúpidamente intacta.
Lo saludé como si nada. Lo llevé a la
parte trasera, donde el techo se cae a pedazos y nadie entra. Cerré la puerta.
-
¿Y si
te dijera que todo eso que sospechas... es verdad?
Paolo me miró fijo. No reculó. No suplicó.
Dijo:
-
Entonces
me toca detenerla, Bianca.
Recorte de periódico
"El cuerpo fue hallado con signos de
tortura. No hubo señales de robo. La víctima tenía varias fracturas en los
brazos y el rostro, y fue hallado colgado de una de las vigas del gimnasio,
como si se tratara de un acto ritual. En el suelo, escrita con pintura roja,
una sola palabra: ‘Revelador’."
Diario de Bianca, página 70
El cuerpo de Paolo se balanceaba como un
péndulo, como si el tiempo me dijera: “Este sí era importante”. Me tomé mi
tiempo. Le hablé mientras lo golpeaba. Le hablé mientras caía. Le hablé
mientras lo colgaba.
-
Vos
tenías que hacer las cosas difíciles, ¿verdad?
Él solo alcanzó a decir:
-
Dios...
igual... te ve.
Sí. Me ve. Y si me ve, sabrá que lo hice
por él. Paolo está muerto. Pero su voz me sigue.
La escucho cuando cierro los ojos. No me deja en paz.
Paolo no fue solo una víctima. Fue el espejo
donde por primera vez no me vi como salvadora, sino como condenada.
Y ese espejo… todavía me sangra en los
sueños.
Él... era distinto.
Escrito por
Verónica Zamora.
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ResponderBorrarGracias por tu visita. Saludos.
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