Conversan con La Virgen por Whatsapp
y toman un café con el Espíritu Santo,
se sientan a la mesa por la noche a cenar
mientras conversan de una vida de milagros.
Tienen imágenes de cerámica en cada esquina de la casa
y un ramo de rosas rojas para perfumar,
hablan del prójimo sobre cada cosa que le pasa
y lloran de alegría cuando empiezan a rezar.
Llevan un rosario blanco en su cartera
porque el blanco es el color del amor,
y averiguan sobre el barrio la vida completa
persignándose siempre en cada oración.
Falsos profetas… amigos de todos y de nadie,
falsos profetas… relucen una falsa sonrisa amable.
Cierran los ojos para demostrar su fe en el Creador
y tiemblan cuando dicen un “Amén”,
confiesan que son los hijos de Dios
y queman los colchones con pecados desde ayer.
Son los anfitriones predilectos
los que saludan y te dan el Padre Nuestro
envuelto en idiomas que el mundo ya olvidó,
leen versículos de La Biblia a su antojo
y blasfeman de sacerdotes y pastores
porque no rezan con el corazón.
Falsos profetas… dispuestos a dar servicio los domingos,
falsos profetas… que dicen “Aleluya, estoy con Cristo”.
Tienen las lenguas como víboras
y cuando hablan siempre piden discreción,
dicen dar luz a quien se les arrima
y no aceptan que el infierno es su dirección.