Habló el rey con su amada esposa
planeando viaje a un mundo de vainilla,
la bella reina sin saber de qué va la cosa
le deja un beso dulce en la barbilla.
“Vengan las damas que ocupo un traje de fiesta
porque las reinas viajan en carruaje
con la gala siempre bien puesta,
con una sonrisa y sin un ápice de coraje”.
La visten con esmeraldas y maquillaje de ciruelas
para que luzca completamente hermosa
en el carruaje y le digan cosas bellas,
sin cursilerías, que a ninguna reina se le acosa.
Sale a los pasillos deseosa a esperar a su amado
que debe venir con traje digno de caballero,
pero al verlo en jeans pregunta por el viaje planeado
y escucha la respuesta con cara de perro fiero:
“Aquí los reyes viajan en autobús
porque se pasa el sueño más ligero,
porque cerramos los ojos y no estorba la luz,
nos recostamos y el viaje es más placentero”.
La reina no puso buena cara,
el rey miró que el viaje no iba por buen camino
y para que no quedara duda de que metió la pata
ella le cantó sin música, pero con tono fino:
“Pues yo digo que las reinas no viajan en autobús
porque el maquillaje se corre con el viento,
y no me importa si me da la luz
porque llevo dama pa’ que no me dé tormento”.
Mandaron al rey a esperar el autobús,
la reina no se inmutó y pidió carruaje,
el transporte público fue una ingrata cruz,
pero las damas y la reina tuvieron un gran viaje.
“Pues yo digo que las reinas no viajan en autobús”.
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