> Evangelio del Arcángel Miguel (Prólogo) Ir al contenido principal

Destacado

Ofelia (Capítulo Trece: Jueves Santo)

  El fin de semana, más específicamente, el domingo, me sucedió algo por demás curioso. Y digo que fue curioso, porque sigo sin saber si lo conocí o me conocieron. Sigo sin saber a ciencia lo que pasó, porque hasta donde mi mente es capaz de recordar, es primera vez que alguien se acerca con el deseo de conocerme. No he podido comentar nada con las chicas, debido a que esta semana no hay lecciones en ninguna parte del país. Tampoco he pensado mucho en el asunto, porque al final de cuentas, no pasa de ser solamente algo anecdótico, eso creo yo.  - ¡Ofelia! Te llaman por teléfono. - ¿Quién? – le pregunté a mi madre, mientras caminaba hasta la sala. - No sé, pero preguntaron por ti. Me miró con una cara que no supe descifrar y con la misma cara, tomé la llamada, debía ser alguna de las chicas, o Rodrigo, para preguntar qué tal iban mis días de descanso hasta ahora. - Aló. - Aló ¿Ofelia? - Sí – no reconocí la voz, lo reconozco. - Soy Joaquín, no sé si se acuerda. - ¿Joaquín? Sí, s...

Evangelio del Arcángel Miguel (Prólogo)

 

Yo, Miguel. Arcángel del Señor, quien es dios de dioses y rey del universo, confieso que lo que estoy a punto de relatar, ha sido puesto en mí por voluntad divina. No son mis palabras. Son palabras de verdad, porque la verdad habita en todo lo que alaba al Señor.


Espero que, con esto, comprendan que lo que ha pasado sigue vigente, porque lo anterior es simplemente una ventana que guía hacia el futuro. Nada se hace o deshace por capricho, porque ninguna estrella nunca ha brillado sin que esa sea la voluntad del creador. Las cosas que son de Dios no tienen en sí mismas ninguna mancha. Existe, sin embargo, un sin número de acciones cuyo efecto no es comprensible para quienes no disponen su mente a la búsqueda de la verdad.


Nuevamente confieso, que las palabras que aquí han sido escritas no salen de mí, simplemente soy un mensajero. Un tercero. Pues, no puedo o no podría hacerme escuchar si no fuera esa la disposición de quien me levanta en sus brazos. El tiempo no permanece quieto. El tiempo es un accidente creado para medir aquellas cosas que necesitan razón de ser. Así, si las cosas no lo necesitasen, el tiempo no transcurriría.


He visto a las rocas engendrar vida. A los mares formarse cuando todo era desierto. A los hombres nacer. He visto atrocidades que nunca debieron suceder. Injusticias que fueron justificadas. Aun así, mi confianza y lealtad en el Señor siguen habitando mi ser. O es que ¿puede uno acaso existir sin ser habitado por él? Porque nada que no sea habitado por él sigue en pie. Porque hasta el viento pide su permiso para poder transitar. Sean pues, agradecidas todas las creaciones y si acaso, lo que cuento llegase a ofender al Señor de alguna manera, disponga conmigo como dispone con aquellos que sabiendo que es rey, faltan a su verbo. Porque es sabido que, aunque su amor es grande y su bondad es infinita, su mano es dura cuando así debe ser.


Aquellos que tuvieron necesidad de crear naciones e imperios caerán. Los que tuvieron necesidad de destruir a quienes son sus semejantes, nunca entendieron que fueron creados para tratarse como iguales, porque igual es su necesidad de demostrar que el Reino de los Cielos está a su alcance. Por eso cuando hubo rebelión fue creada la muerte, para recordarles que su cuerpo es solamente una armazón de carne, destinada a ser comida de gusanos y otras pestes.


Que las palabras que el creador ha puesto en mí sean oídas y entendidas. Puesto que nadie habla o actúa por voluntad propia, si no por voluntad de quien todo lo puede y que es quien tiene dominio sobre todo cuanto existe.


Si escribo esto ahora es porque así se me ha mandado. Porque la prédica no debe cambiar. Al inicio era solamente la luz y la luz era Dios. Luego vino la oscuridad y en la oscuridad caen aquellos que se alejan del Señor. Aquellos que se dejan habitar por sus propios deseos y creen que sus deseos son más fuertes que Dios. De esto van estas líneas que escribo. De no dejar que exista en sus corazones algo más grande que Dios. Porque cosas que no debían suceder sucedieron, al amparo de la amargura. Sean santas estas palabras y si acaso no encontraran asilo en ellas sus corazones, tenga Dios el poder para entrar en sus mentes y establecer un nuevo pacto donde no haya necesidad de derramar sangre. Donde no haya necesidad de guerras. Porque es hablando como se resuelven las cosas. No dejen que el odio haga casa en ustedes. Antes arrepiéntanse, porque el tiempo de Dios es infinito, como infinita es su misericordia para quienes se dejan invadir por su amor.

Comentarios

Entradas populares