Caminamos hacia el Edén
Con las manos bañadas de rocío,
Posiblemente en la costa exista el frío
Pero en esta llanura también.
Mis niñas, mis ninfas jugando un partido de fútbol,
Homenajeando al Dios Sol que sale impetuoso,
Las doncellas que juegan en el bosque
Y descansan sobre el césped de un barrio ambicioso.
Mis queridas ninfas, semejantes a mis semejanzas,
Y yo soy Cristhel, la guardiana de sus sueños,
De esos sueños que pasean en la sabana
Tratando de perseguir pájaros sin dueños.
Nací con el siglo, Jozet me llaman los matorrales
Y los serenos destellos que ven más allá de los dioses,
Mis cabellos son del color del cuarto menguante
Y mis queridas ninfas los bañan con estrellas y soles.
No me bañan los mares, yo los baño con mi voz,
Las montañas me sirven de hamacas
Y los huracanes son mis hermanos,
Hay lluvias tan imponentes como el vuelo de un dios
Y tormentas tan pequeñas que no asustan a nadie.
Este escrito no tiene coro que repita
Porque las cosas lindas de la vida pasan una vez,
Construimos en el jardín un estanque que nos delimita,
Para que mis pastos no vuelvan a tener sed.
Canten, canten mis niñas, como canta el viento,
Como cantan los nidos de las aves,
Si existe algún árbol sediento
Que quite su sed sentado junto al estanque.
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