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Lo que sufrimos las mujeres

 - Las mujeres somos esa parte de la raza humana que debemos soportar todas las estupideces que comenten los hombres – dijo la conferencista. Seguramente tendrá algo de razón. La charla lleva por nombre “El estruendoso mundo donde las mujeres estamos llamadas a sobrevivir”. Se había inscrito una buena cantidad de féminas. Todas aquejadas por el dolor y el sufrimiento de convivir con hombres acostumbrados a cagarla cuando las cosas se debían resolver de manera sencilla. - Es terrible – continuó la conferencista – la forma en que nos atormentan con cosas que a veces parecen salidas de un libro de ciencia ficción. Levanten la mano aquellas que han deseado darle una cachetada a su hombre en frente de los demás, pero se han abstenido porque debemos mostrar una sonrisa, aunque se merezcan algo más triste para ellos. El salón completo alzó no una, si no ambas manos. La mujer bajó las gradas y se mezcló con aquellas almas que habían abarrotado sus bolsillos.  - ¿Alguna de ustedes quie...

Cristhel Jozet y las ninfas


Caminamos hacia el Edén

Con las manos bañadas de rocío,

Posiblemente en la costa exista el frío

Pero en esta llanura también.


Mis niñas, mis ninfas jugando un partido de fútbol,

Homenajeando al Dios Sol que sale impetuoso,

Las doncellas que juegan en el bosque

Y descansan sobre el césped de un barrio ambicioso.


Mis queridas ninfas, semejantes a mis semejanzas,

Y yo soy Cristhel, la guardiana de sus sueños,

De esos sueños que pasean en la sabana

Tratando de perseguir pájaros sin dueños.


Nací con el siglo, Jozet me llaman los matorrales

Y los serenos destellos que ven más allá de los dioses,

Mis cabellos son del color del cuarto menguante

Y mis queridas ninfas los bañan con estrellas y soles.


No me bañan los mares, yo los baño con mi voz,

Las montañas me sirven de hamacas

Y los huracanes son mis hermanos,

Hay lluvias tan imponentes como el vuelo de un dios

Y tormentas tan pequeñas que no asustan a nadie.


Este escrito no tiene coro que repita

Porque las cosas lindas de la vida pasan una vez,

Construimos en el jardín un estanque que nos delimita,

Para que mis pastos no vuelvan a tener sed.


Canten, canten mis niñas, como canta el viento,

Como cantan los nidos de las aves,

Si existe algún árbol sediento

Que quite su sed sentado junto al estanque.

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