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Nos despedimos

 Ahí me tienes ayunando los besos que no recibo y los abrazos que sin sentido le doy al viento porque tu amor me lo perdí. Y no hablemos de la magia porque cualquier amor se lanza por la ventana, imagina como perdí la cabeza por ti. Toda despedida nunca viene sola, siempre trae pedazos de cristales que se rompieron y que nunca más se reunieron por mucho que avancen las horas. Te dedico el sueño que tenga hoy en la noche porque de seguro que sueño contigo, y entérate que cuando lloro me maldigo por amarte tanto. Pobre el amor, porque lo despedí de su puesto, ya no cumplía con su trabajo a tiempo y aunque costó, aceptó su jubilación. Aquí me despido dejándote esta mala nota de amor, palabras más, palabras menos, que este tren no pierda los frenos y que el último amanecer, amanezca mejor. Aquí me despido, huérfano, con epidemias de lutos por amores que sucedieron hace algunos segundos, y luchas internas odiando con un café las lujurias que se mofaron de mi buen querer. Quédate tú aman...

Cristhel Jozet y las ninfas


Caminamos hacia el Edén

Con las manos bañadas de rocío,

Posiblemente en la costa exista el frío

Pero en esta llanura también.


Mis niñas, mis ninfas jugando un partido de fútbol,

Homenajeando al Dios Sol que sale impetuoso,

Las doncellas que juegan en el bosque

Y descansan sobre el césped de un barrio ambicioso.


Mis queridas ninfas, semejantes a mis semejanzas,

Y yo soy Cristhel, la guardiana de sus sueños,

De esos sueños que pasean en la sabana

Tratando de perseguir pájaros sin dueños.


Nací con el siglo, Jozet me llaman los matorrales

Y los serenos destellos que ven más allá de los dioses,

Mis cabellos son del color del cuarto menguante

Y mis queridas ninfas los bañan con estrellas y soles.


No me bañan los mares, yo los baño con mi voz,

Las montañas me sirven de hamacas

Y los huracanes son mis hermanos,

Hay lluvias tan imponentes como el vuelo de un dios

Y tormentas tan pequeñas que no asustan a nadie.


Este escrito no tiene coro que repita

Porque las cosas lindas de la vida pasan una vez,

Construimos en el jardín un estanque que nos delimita,

Para que mis pastos no vuelvan a tener sed.


Canten, canten mis niñas, como canta el viento,

Como cantan los nidos de las aves,

Si existe algún árbol sediento

Que quite su sed sentado junto al estanque.

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