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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Ofelia (Capítulo Cinco: Amores que son un sueño)

 

 

-            Ojalá, Rodrigo, y Ofelia se casaran cuando fueran mayores.

 

Doña Gertrudis deliraba como de costumbre, Rodrigo y yo solamente éramos amigos, eso sí, los mejores amigos, pero de eso a que yo lo vislumbrara como un posible novio, había cuatrocientos planetas de distancia.  Admitámoslo, nos entendemos en muchas cosas, pero hay algo, no sé qué es con certeza, algo en sus ojos que me inquieta, si es que esa es la palabra adecuada. Sus ojos parecen esconder algo, como si no quisieran mostrarse por completo.

 

-            ¡Ay, verdad! Harían tan linda pareja.

-            Sí, Milagros, tal vez Dios me escuche algún día y Ofelia sea mi nuera.

 

Mi madre no deliraba, tan solo le seguía la corriente, aunque nunca le he preguntado si alguna vez lo vio como una posibilidad real, eso de que Rodrigo y yo pudiéramos ser novios, tal vez se lo pregunte cuando sea una mujer entrada en años, si es que, para ese entonces todavía me interesa saber la respuesta.

 

-            Ofelia no tendrá… ¿algún novio secreto?

-            ¿Ofelia? No – mi madre estaba completamente segura de la respuesta, segura de ella y segura de mí – esa muchacha se la pasa entre el colegio y la casa.

-            Como debe ser – Doña Gertrudis servía otro café – Rodrigo se lleva tan bien con ella, yo creo que en el fondo podría enamorarse.

-            ¡Dios nos libere! – contestó mi madre en voz baja.

-            ¿Cómo?

-            Que Dios libere a los muchachos de tantas cosas que pasan ahora. Los tiempos han cambiado mucho de cuando nosotras éramos jóvenes.

-            Sí, sí. La juventud se corrompe con tanta facilidad, por suerte nuestros hijos llevan una buena vida… Ofelia ¿aún está con lo de las monjas? – mi madre sonrió.

-            ¿Lo de las monjas? Sí, cada tres semanas o cada mes va a algún retiro con ellas, tiene interés en eso y yo no quiero quitárselo. La verdad es que es bueno que salga de casa y conozca un poco más, además va con seminaristas y personas serias que no se van a poner a escandalizarla.

-            Si se hace monja no podrá ser mi nuera y eso me dolerá en el alma.

-            Nos dolería a todos – las palabras de mi madre iban de la boca hacia afuera. Porque por dentro rogaba a todos los santos que aquello no sucediera, no porque la familia de Rodrigo tuviera algún problema, si no, porque esperaba algo mejor.

 

Luego, mi madre llevó la conversación a otros temas de su interés. Aparecieron la política, los crímenes y demás cosas que se veían en los noticieros, Costa Rica estaba en decadencia, el nuevo siglo no se veía venir con tanto optimismo, todavía se marcaba el país por pericos y mariachis, en clara referencia a los dos partidos políticos que habían dirigido al país durante la segunda mitad del siglo veinte. La tarde de café terminó con lo acostumbrado, los chismes que sacudían al barrio donde vivíamos y que incluían en voz baja un embarazo de alguna muchacha que no se sabía cuidar y que era todavía una mocosa para tener novio, pero cuyos padres no cumplían con su deber.

 

-            ¿Ya hicieron comida? – preguntó cuando llegó de casa de doña Gertrudis – porque yo no estoy para hacer nada.

-            Ya puse la olla para hacer papas con carne y el arroz ya se está calentando – yo estaba en la mesa haciendo una tarea de español, una de las materias que más me sacan de razón en el colegio, porque la lectura y yo no somos amigas de confianza.

-            Dice Gertrudis que Rodrigo llega del colegio a hablarle sobre ti.

-            Es normal, somos buenos amigos.

-            Pues sí, eso creo. No sé si el lo hace por el mismo motivo, pero….

 

Seguí con lo que estaba, una batalla encarnecida entre gerundios, sinónimos y antónimos, que no me motivaban en lo absoluto. Después de un rato que me pareció eterno, la concluí, guardé mi cuaderno y me fui a la cocina, a pelar las papas y preparar algo para la cena.


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