> Nazareth (Capítulo 16: La corte tribal) Ir al contenido principal

Destacado

Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Nazareth (Capítulo 16: La corte tribal)

 

Aquello parecía una corte tribal. La sede era la casa de Angélica, que fungía como juez en medio de Cristina y yo, que estábamos de brazos cruzados sin dirigirnos ni una palabra. La verdad es que aquello no tenía ningún sentido, Cistina estaba disgustada conmigo porque me había visto besarme con Ernesto, si supiera que ya lo había soñado antes de que sucediera, en mi sueño estábamos solos en una oficina, Ernesto me tomó de las manos, se recostó contra la pared y me abrazó, yo estaba nerviosa, entonces me dijo “estoy nervioso, pero te va a gustar” yo sudaba, no dije nada, simplemente me dejé llevar y él me besó con tanta dulzura y pasión al mismo tiempo que el sabor de sus labios amaneció conmigo ese día.

 

-            ¿Qué te pasa? – le preguntó Angélica a Cristina – llevamos años de conocernos, desde la secundaria.

-            Yo no hice nada malo, no he acusado a nadie y nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, además ¿de qué se me acusa?

-            Todavía de nada – sugirió Angélica.

 

Estábamos ahí por culpa mía, por mis actos, así que tomé la palabra.

 

-            Mira Cristina, sé lo que creíste ver…

-            ¿Creí? Te vi besándote con un hombre en la floristería.

-            ¿Está guapo? – preguntó Angélica – digo, porque si está más guapo que Alejandro.

-            Lo está – contesté.

-            Y lo dices, así como nada – me recriminó Cristina.

-            Sí – le dije - ¿sabes lo que es vivir en mi pellejo? ¡No! ¡No lo sabes!, vivo harta con Alejandro, me acuesto con él por necesidad, por saciar el cuerpo, llevamos años de no amarnos, me ha sido infiel con dos o tres mujeres. ¡Por Dios! Estuvimos a punto de separarnos un par de veces…

-            Ese no es el punto – interrumpió Cristina – las relaciones hay que salvarlas, a veces hay que mentir para rescatarlas.

-            ¿Mentir? – dijo Angélica - ¿mentir para rescatar una relación?

 

Entonces Angélica nos miró a ambas, luego miró el estómago de Cristina, se colocó las manos en su boca y fue por un vaso con agua, Cristina y yo nos quedamos en silencio, no entendíamos nada de lo que sucedía. Angélica tomó un poco de aire y luego habló.

 

-            ¿Cuánto tienes de divorciada? – preguntó a Cristina.

-            Tres meses – contestó Cristina confundida – pero ¿qué tiene eso que ver?

-            ¿Cuánto tienes de embarazo? – volvió a preguntar Angélica.

-            Cuatro meses.

-            ¿Qué demonios pasa? – interrumpí.

-            Te diré lo que pasa – dijo Angélica – no está embarazada.

-            ¿Qué? – contestamos al mismo tiempo Cristina y yo, con cara de asombro.

-            Te conozco demasiado bien, estarías fulminada por los achaques, como en el embarazo de Lucy, ¡Oh, por Dios!

-            ¿No estás embarazada? – pregunté.

 

Cristina se puso de pie, tomó su bolso, e iba a retirarse, pero Angélica la tomó por el brazo, Cristina hizo esfuerzo por soltarse, pero Angélica no quiso soltarla.

 

-            Mírame – le dijo Angélica, con bastante cariño – chiquita, mírame - Cristina estaba empezando a llorar.

-            Ocupaba recuperarlo, no puedo estar sola.

-            No estás sola – dije, levantándome y yendo a abrazarla - ¿es cierto? ¿no estás embarazada? – Cristina movió la cabeza en forma negativa y extendió los brazos para abrazarnos a ambas.

-            Soy una tonta, cuando te vi besar a ese hombre, sentí celos.

-            ¿De mí? – las tres llorábamos.

-            Yo solo quiero ser feliz – ninguna se soltaba – no quiero morir sola.

-            Y no vas a morir sola – dijo Angélica – te lo prometo, eres muy bella para morir sola.

 

Las tres quedamos así por un rato, necesitábamos sentir que estábamos allí para nosotras.


Comentarios

Entradas populares