Un quizás, un tal vez,
una almohada para los dos,
mañana encienden las luces de mi habitación
las luciérnagas que anidan en mí
y marcan el porvenir de los amores.
Detrás de un te quiero aprendí
que la soledad se estaciona a su antojo,
y cualquier soldado es un querubín
si lo saben enamorar los vidrios de tus ojos.
¡Ay mujer! con poco se anima a un hombre,
con hacerle un par de caricias
y aprenderse el nombre del revés al derecho,
de tanto estarte mirando anoche quedé tuerto
y hoy temo que por no besarte, pierda la vida.
Compleja esta cuestión de amar a una mujer,
amar es un rompecabezas
y en este reino de enamorados moribundos
cada hombre flechado por Cupido es un alfiler
perdido en el mundo.
¡Nos ataca Cupido, nos atacan las mujeres a besos!
hagamos oración, por los hombres
que quieren caer en tentación
y su mujer no los deja... qué pecado más ingrato
enamorarse en estos tiempos.
Las murallas de Jericó caen por su propia lujuria,
Sodoma no cierres tus puertas
que aquí hay un inocente que peca
por quedarse en las dudas.
¡Nos atacan las mujeres a besos!
que nadie suene la alarma,
abran paso que ya caigo en cama
con la firme esperanza de que me hagan prisionero.
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