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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

¡Nos atacan las mujeres!

 Un quizás, un tal vez,

una almohada para los dos,

mañana encienden las luces de mi habitación

las luciérnagas que anidan en mí

y marcan el porvenir de los amores.


Detrás de un te quiero aprendí

que la soledad se estaciona a su antojo,

y cualquier soldado es un querubín

si lo saben enamorar los vidrios de tus ojos.


¡Ay mujer! con poco se anima a un hombre,

con hacerle un par de caricias

y aprenderse el nombre del revés al derecho,

de tanto estarte mirando anoche quedé tuerto

y hoy temo que por no besarte, pierda la vida.


Compleja esta cuestión de amar a una mujer,

amar es un rompecabezas

y en este reino de enamorados moribundos

cada hombre flechado por Cupido es un alfiler

perdido en el mundo.


¡Nos ataca Cupido, nos atacan las mujeres a besos!

hagamos oración, por los hombres

que quieren caer en tentación

y su mujer no los deja... qué pecado más ingrato

enamorarse en estos tiempos.


Las murallas de Jericó caen por su propia lujuria,

Sodoma no cierres tus puertas

que aquí hay un inocente que peca

por quedarse en las dudas.


¡Nos atacan las mujeres a besos!

que nadie suene la alarma,

abran paso que ya caigo en cama

con la firme esperanza de que me hagan prisionero.

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