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Psicológia Sexual

 Yo tenía un buen pensamiento y un verano esperando para vivir, ella tenía una sonrisa entre sus manos y eso era suficiente para mí. Yo tenía un paso confiado y un secreto para ponerlo en el corazón, ella decía "llevo un sostén ligero estrenémoslo en el colchón". Yo tenía la costumbre de leer junto a la mesa y escuchar música suave mientras leía, pero ella meneaba su cuerpo en mi cabeza susurrando que así no me divertía. Tendía las cobijas para rechazar el frío me tumbaba boca arriba y ella como gata se subía y me desabrochaba el abrigo. Yo llevaba tres misterios del rosario del domingo y seis versículos del salmo noventa y dos, y ella me besaba el ombligo y dándome vuelta me blasfemaba una oración. No se puede ser prudente sin peligrar una ocasión, ni ser del diablo esclavo sin cadenas cuando lo amerita la pasión. Yo tenía una tele sin canales, sin antena y sin color y ella quinientos comerciales de sexo con repetición, un arsenal de posiciones que no sé dónde las inventó, u...

Recuerdos de una chica Poker

 

Hay personas, muy pocas personas que pasan por nuestras vidas solamente por un instante y son capaces de llenar el resto de nuestros días con hermosos recuerdos. Personas de las que a veces ni siquiera recordamos el nombre, por supuesto que no es mi caso, yo sí recuerdo el tuyo, aunque debo confesar que han pasado ya algunos años, parecieran ser muchos, pero, aun así, aun así… quiero decirte que dejaste un recuerdo lindo en mi mente y que estoy segura de que tu recuerdo siempre estará conmigo, Pablo.

 Y es que a los dieciocho años que fue cuando te conocí, la mente de una mujer está dispuesta a llenarse de ilusiones, de momentos agradables y qué más agradable que saber que ibas a llegar a la oficina, aunque yo apenas hacía una pasantía, mi estadía estaba destinada a un tiempo límite de tres meses, pero si no recuerdo mal, tú tampoco llevabas mucho tiempo en esa empresa ubicada en Escazú, la conocida ciudad de las brujas en mi linda Costa Rica. Y quiero que sepas que los besos más dulces y tiernos que tuve en mi vida fueron contigo.

 Deja que cuente mi versión de la historia y disculpa si dista un poco de la tuya, pero debes saber que las mujeres recordamos con el corazón no con la mente y que, lo que recordamos con el corazón cambia nuestras perspectivas humanas.

 Recuerdo que convocaron a los más nuevos de la empresa para realizar una capacitación, imagino que aún lo harán, en fin. Yo no sabía mucho de direcciones, era o soy un poco despistada, entonces apareciste como todo un caballero proponiéndonos a varios llevarnos en tu auto hasta el edificio donde se llevaban a cabo las charlas. Y hay que ver lo servicial que fuiste, llenaste el carro con los nuevos elementos. Algunos, debo ser sincera, supongo que ya no siguen ahí, tampoco sé si tú seguirás viajando a Escazú todos los días, nunca lo sabré. No nos desviemos, el asunto de hacer ese viaje compartido no se limitaba a las capacitaciones, porque tan flamante caballero eras que al finalizar el día hacías lo mismo para llevarnos a la capital y dejarnos cerca de nuestros destinos. Ay, Pablo, yo te veía tan guapo, tan interesante, pero como dije al inicio tú ya eras un hombre, nueve años mayor y yo apenas era una muchacha salida de la secundaria estrenando su documento de identidad.

 Debo confesar que al inicio no me pareciste tan atractivo, no sé, creo que no me fijaba en ti por la cuestión de la edad, luego descubrí que eso es una estupidez creada por una sociedad que esclaviza los sentimientos de las personas y nos pone en burbujas estandarizadas para poder manipular abiertamente nuestros cerebros. Nunca esperaste un comentario así de mi parte, estoy segura. Perdona que me ría.

 Es curioso porque en realidad todavía hoy, no sé si en algún momento comenzamos algo, creería que no, pero corrígeme si me equivoco. Es probable que no te acuerdes de mí, debes de estar casado ya, debes haber formalizado una relación hace mucho, yo también hice mi vida, era lo propio.

 Siempre pasabas a recogerme camino al trabajo y luego, cuando la jornada marcaba su último minuto me regresabas a salvo, pero a los pocos días comencé a notar algo, yo siempre era la última persona que quedaba en tu auto, esa era una mala jugada del destino, porque al empezar a pasar los días ya no te veía como ese hombre un poco mayor. Al pasar los días empecé a verte como un hombre con quien podría tener algo bonito, un hombre inteligente, tan loco como yo, empecé a verte guapo ¡Dios! ¡Qué vergüenza que leyeras esto!

 Unos días después de estar viajando juntos, te atreviste a besarme y no he sido capaz luego de estos años, de decirle a mi esposo que los besos que yo quería que me dieran, no me los dio él, me los diste tú. Porque a nadie llegué a besar de la manera tierna y apasionada en que te besé, a pesar de que lo nuestro, si es que existió… no duró más que un par de semanas. Me temo que todo terminó antes de empezar y estoy segura de que si nos topáramos en la calle no sabrías reconocerme, probablemente no recuerdes ni mi nombre y yo no te saludaría porque irías del brazo de otra mujer y me da rabia que la mujer que te da la mano y te besa todos los días, no sea yo.

 Perdona que sea tan estúpida de confesar esto, ahora que las cosas son inevitablemente imposibles, aún tengo tu número telefónico guardado. Muchas veces estuve a punto de escribirte o llamarte, pero no lo hice por el miedo de que no hubieras sentido nunca lo que yo sentí. Los besos que me diste dejaron en mí una cucharada de miel, que es el dulce que brilla en mis labios y mantiene mi juventud. Esa cucharada de miel no tiene fecha de caducidad, porque yo siempre pensaré en lo que pudo pasar si te hubieras atrevido a algo más que besarme los labios, el cuello, sabes ¿qué habría pasado? Nunca te hubiera dicho que no y habría sido tuya las veces que tu cuerpo lo pidiera, porque el mío pedía a gritos que me desnudaras.


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