Devastaste todo de mí
y yo fui cómplice por gusto,
rompí tabúes
y hasta la cama crujió en nombre tuyo.
Me elevaste al cielo
atardecí en tu piel
y dejé que las curvas de tu cuerpo
aún vírgenes para mí
me llevaran como oveja a matadero.
Olvidé mi credo y mi cordura
y por ese instante de locura fuiste mía,
desobedecí las reglas
y como resultado gemí en tu nombre
mientras te acariciaba desnuda.
Todo antes de ayer fue nada
después de hoy contigo no sé qué esperar,
pero no me digas que eres un hada,
eres una diabla
y yo el purgatorio predecesor del infierno...
de ese infierno de lujuria y desenfreno
donde el sudor no conoce pañuelos,
y donde el cielo se ejecuta en mi boca
cuando me empapa tu placer
alterando mis tropas.
Si entiendes que te deseo
entonces no preguntes lo obvio,
pero tampoco me hagas único culpable
de este pecado que a mí me parece hermoso.
Comentarios
Publicar un comentario