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Psicológia Sexual

 Yo tenía un buen pensamiento y un verano esperando para vivir, ella tenía una sonrisa entre sus manos y eso era suficiente para mí. Yo tenía un paso confiado y un secreto para ponerlo en el corazón, ella decía "llevo un sostén ligero estrenémoslo en el colchón". Yo tenía la costumbre de leer junto a la mesa y escuchar música suave mientras leía, pero ella meneaba su cuerpo en mi cabeza susurrando que así no me divertía. Tendía las cobijas para rechazar el frío me tumbaba boca arriba y ella como gata se subía y me desabrochaba el abrigo. Yo llevaba tres misterios del rosario del domingo y seis versículos del salmo noventa y dos, y ella me besaba el ombligo y dándome vuelta me blasfemaba una oración. No se puede ser prudente sin peligrar una ocasión, ni ser del diablo esclavo sin cadenas cuando lo amerita la pasión. Yo tenía una tele sin canales, sin antena y sin color y ella quinientos comerciales de sexo con repetición, un arsenal de posiciones que no sé dónde las inventó, u...

Una mente retorcida


Una mente así no debería escribir poemas de amor

ni husmear lo que hace Cupido,

pudiendo buscar heroínas en desgracia

que endulcen mi libido.


Una mente retorcida no debería besar en la boca,

existiendo lugares más acogedores

y con mejores condiciones

de amoldarse a los antojos de moda.


En este punto hago punto y seguido

y me entusiasmo de enriquecer mi abecedario con lenguajes salidos

de los barrios bajos de los amores hundidos.


Una mente así sabría que Caperucita era amante del lobo

y que el personaje de la abuelita

es una metáfora escrita para alimentar el morbo.


Es perfecto escarbar en la mente

y descubrir que tengo buenos argumentos

para seguir alimentando mis tormentos

y seguirme viendo indecente

ante los ojos de los puros.


Espero haber aclarado tus dudas

aunque este retorcido te jura

que no siempre somos lo que aparentamos....

algunos escondemos mucho más.

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