Qué sabia es tu boca
que conoce la medicina
con dosis exacta y horario
para curar mi estrés acumulado
con un beso que sabe a gloria.
Qué milagrosa la humedad de tu lengua
la travesura misma de la dicha,
que vacuna mis ideas conflictivas
poniendo en mí una bandera de tregua.
Qué tortura no besarte más seguido
y desvelarme pensando en tu nombre,
la próxima vez recuerda que soy hombre
y esclavízame como tú quieras.
Qué sabios los besos que te debo
los abrazos que tienes apartados,
las deudas de estos pecados
voy a pagarlas haciéndote el amor.
Qué quieres que te diga
si hace tiempo no me comían a besos,
si hace siglos no era la manzana de Eva,
pero tu beso, mi sudor y la vergüenza
se juntaron y tu boca fue mi gobierno.
No creas que esto queda aquí
pon atención que de una vez te advierto,
si vuelvo a verte tiro tu ropa allí
donde no estorbe el cuerpo a cuerpo.
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