Ya no existen paraísos
ni Adanes ni Evas,
ni cuentos con finales felices
ni luces al final del camino
ni fábulas con princesas.
Ya no existen
castillos en las nubes
ni tumultos en la arena,
ni sagrarios ni sepulcros
ni una cena para dos en tu cadera.
Se han marchitado los besos que me diste
dime amor dónde aprendiste a marchitarlos,
me he quedado sin aliento lo confieso
a veces creo que hay algo bueno
en esto de decirnos adiós.
Pero luego vuelvo a ver a mi destino
y es solo un mercader sin mercancía
un duende opaco que ha perdido su arcoíris
una cuenta en blanco sin garantías.
Ya no existen
arañazos en la espalda
ni crucigramas que se llenen con amor,
ni una escalera para subir al cielo
desde que marchitas los besos
ya no hay Lucifer ni Dios.
Lo confieso, ya no soy yo,
soy un fantasma
que vaga triste en tu recuerdo,
ay Dios…
no permitas que se me hielen los huesos
alcánzame una tentación.
Se han marchitado las risas que me oíste
las malas lenguas parece que han triunfado...
pero tengo un as escondido entre mi manga,
una rosa que es digna de pecado
y que mantiene mi esperanza.
Comentarios
Publicar un comentario