Yo la besaba y ella era un sueño
un jardín de rosas entre mi infierno,
yo la besaba y sus labios eran míos
yo era de ella y sucumbimos al amor.
Ella me acariciaba sin tocarme
y yo temblaba en su recuerdo,
ella me acariciaba y yo sentía
que nacían colores en mi cuerpo.
Yo le decía que era hermosa
y ella sabía con razón que era verdad,
yo le decía que era mi amazona
y yo el guerrero que la quería conquistar.
Y hasta el amor nos escribía una postal
hasta el deseo fue padrino en nuestra alcoba,
el desenfreno no tuvo frenos para parar
aquellas noches que amanecíamos sin ropa.
Yo le rozaba el cuello respirando
ella sonreía y me decía “no te detengas”,
yo le rozaba aquellos muslos con mis manos
y así empezaba cada tarde una epopeya.
Ella se pintaba los labios
y abría los botones de mi camisa,
ella se pintaba de cocinera
y resultó que yo era su comida favorita.
Yo le hablaba susurrando en su oído
y ella deslizaba su mano por mi espalda,
yo le hablaba de amores sin sentido
y ella recitaba nombres de santos en mi almohada.
Y hasta el delirio tomaba notas de nuestras noches
hasta la intimidad quería intimar con nosotros,
el recato desaparecía justo en su escote
y abrazándonos desaparecíamos uno en el otro.
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