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Psicológia Sexual

 Yo tenía un buen pensamiento y un verano esperando para vivir, ella tenía una sonrisa entre sus manos y eso era suficiente para mí. Yo tenía un paso confiado y un secreto para ponerlo en el corazón, ella decía "llevo un sostén ligero estrenémoslo en el colchón". Yo tenía la costumbre de leer junto a la mesa y escuchar música suave mientras leía, pero ella meneaba su cuerpo en mi cabeza susurrando que así no me divertía. Tendía las cobijas para rechazar el frío me tumbaba boca arriba y ella como gata se subía y me desabrochaba el abrigo. Yo llevaba tres misterios del rosario del domingo y seis versículos del salmo noventa y dos, y ella me besaba el ombligo y dándome vuelta me blasfemaba una oración. No se puede ser prudente sin peligrar una ocasión, ni ser del diablo esclavo sin cadenas cuando lo amerita la pasión. Yo tenía una tele sin canales, sin antena y sin color y ella quinientos comerciales de sexo con repetición, un arsenal de posiciones que no sé dónde las inventó, u...

El color del amor


La pequeña había usado todos sus lápices de color, a excepción del negro, que siempre lo dejaba sin usar, porque su madre decía, que ese color solamente servía para dibujar a las brujas y para ponerse triste. Así que una tarde, sin querer, sentada en el piso, con unas hojas blancas a su alrededor, la pequeña se volvió hacia su madre y le dijo:

- Mamá, ¿de qué color es el amor?

La madre, que estaba sentada en una silla del comedor, revisando sus redes sociales y sin saber dar una respuesta concreta, dándole una mirada perdida a su hija, le contestó:

- El amor no tiene color.

- ¿Por qué? – dijo la niña, sentándose sobre sus rodillas – ¡hasta las brujas tienen un color!, el cielo siempre es celeste, el sol es amarillo, pero si quiero dibujar el amor, no sé qué color debo ponerle.

La señora, dejando el celular en la mesa, se fue a tomar un poco de agua, volvió a sentarse y mirando a la niña, hizo ademán de contestarle, pero temiendo que su respuesta provocara otra pregunta, prefirió quedarse callada.

- ¿Te parece bien, si lo pinto de negro?

- Sí, claro – dijo la madre, un poco más calmada – ponle el color que más te guste.

- No sé si es correcto ponerle cualquier color. Así que voy a ponerle el negro, que creo que es el color del amor.

La señora viendo la actitud convencida de su hija, le preguntó:

- Y dime, ¿por qué crees que el negro es el mejor color?, el negro es un color triste, puedes ponerle cualquier otro color.

- No, creo que el negro es el color del amor. Te he escuchado varias veces decir que el amor duele tanto, que a veces deseas morirte, y si el negro es el color más triste, no encuentro motivo para no pintar el amor así.

La madre, callada, se prometió a sí misma, no volver a quejarse, dentro de lo posible. Tal vez así, el amor tendría la posibilidad de conseguir un color más alegre.

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