> Directo al corazón (Las cavernas del Santo Purgatorio) Ir al contenido principal

Destacado

Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Directo al corazón (Las cavernas del Santo Purgatorio)

 

Comentario: Hola ¡qué vergüenza! Dicen que todas las cosas tienen su razón de ser y soy de las mujeres que cree que sí, que es así, vivimos en un mundo donde nos muestran que debemos ser perfectos, y sin embargo ¿quién es perfecto? La única persona sobre la que he leído que fue perfecto, murió crucificado y aún así, también supo lo que era la rabia, como la vez que echó a los vendedores del templo. Entonces, no hay motivo para mortificarnos de más.

 Creo con algún temor, he de admitirlo, que empecé mi comentario de esa forma, porque en el fondo sé que lo que hice estuvo mal, espectacular, pero mal. Las cosas no se salieron de control porque sí, yo quería que así pasara y cuando el destino ve que deseamos algo con tanta fuerza, conspira para complacernos.

 Quedaban tres meses para que yo me casara con el hombre de mis sueños, un hombre genial, que me trataba y me trata como al amor de su vida. Pero las personas no nos conformamos, yo no me conformé con eso. Llevaba un par de años en ese trabajo, de contadora y mi jefe realmente era un hombre tractivo, ya se me había insinuado anteriormente, pero me hice la difícil y no quise acceder. Pero faltando tres meses para casarme, me tocó quedarme un poco más tarde en la oficina, revisar algunas cuentas, unos números por aquí y otro poco por allá. Él acababa de separarse de la esposa hacía apenas unas semanas, ni un mes. Entonces pasó lo que tenía que pasar, empezó a coquetearme y le seguí el juego, la vez anterior me había hecho la difícil por un buen motivo, yo era virgen, y aun lo era esa siguiente vez, solo que ahora me pensé para mí misma “no seas tonta, nunca va a saber que perdiste la virginidad con tu jefe y quizás nunca vuelvas a tener la oportunidad”.

 Pasó, lo hicimos en la oficina, con mi novio esperando en el carro a que yo terminara de hacer las horas extras, esperándome para ir por una hamburguesa, mientras su novia gozaba con su jefe.

 Algo más de nueve años han pasado desde entonces, nunca se lo confesé, no vi la necesidad de hacerlo, pero guardo ese silencio conmigo y en ocasiones, cuando estoy con mi esposo, la memoria me hace una mala jugada y recuerdo aquel episodio con mi exjefe. Hace años salí de ese trabajo, económicamente estaba bien, pero preferí renunciar, porque de no haberlo hecho, me hubiese convertido en la amante de ese hombre.

 

 

 

 

Respuesta: Que las caravanas de productos macrobióticos para anular deseos impuros te bendigan. Amiga, voy a empezar por el final. Sí, así no se hacen las cosas, yo sé, pero no tengo remedio. Permíteme expresarte mi admiración, mi felicidad, mi empatía, mi convencimiento de que existen buenas personas, porque tú supiste retirarte a tiempo de la tentación. Otra en tu lugar se habría quedado comiendo de ese caldo, guindando de esa cuerda como bombero en un incendio. Viste las cosas que se venían a futuro, lo que podías perder y tuviste la fuerza para decir ¡No!

 Porque no estuve ahí, pero qué bien tuviste que haberlo pasado en esa oficina, sudando entre papeles, contando números entre las mieles indignas de los deseos más bajos de la humanidad. A mí me habría encantado estar en tu lugar, en el de tu vio, francamente no. Te imaginas lo que es estar uno todo embobado esperando al amor de su vida afuera del trabajo, mientras que a ella le dan duro como a piñata de fiesta, no, francamente no me habría gustado ese lugar, ahí no juego.

 En mi libro “Cien teorías del por qué gozamos lo prohibido” me adentro en la mente humana e indago sobre los motivos que nos llevan a jugar en camas ajenas. Es fascinante ver la multitud de personas jugando piedra, papel, tijera, y no precisamente en un juego de niños.

 Espero que el momento de placer carnal que disfrutaste, haya quedado solamente como una experiencia, como una inocentada de esas que no deben turbarnos la paz en ningún segundo de nuestra divina existencia. Porque tal como lo dices, el hombre que tienes a la par es el hombre de tus sueños, quizás no sea el hombre de tus lujurias, pero sí el de tus sueños. Espero que las cavernas del santo purgatorio nunca tomen tu desliz en cuenta.


Comentarios

Entradas populares