Comentario: Hola ¡qué vergüenza! Dicen que todas las cosas
tienen su razón de ser y soy de las mujeres que cree que sí, que es así,
vivimos en un mundo donde nos muestran que debemos ser perfectos, y sin embargo
¿quién es perfecto? La única persona sobre la que he leído que fue perfecto,
murió crucificado y aún así, también supo lo que era la rabia, como la vez que
echó a los vendedores del templo. Entonces, no hay motivo para mortificarnos de
más.
Creo con algún temor, he de admitirlo, que empecé
mi comentario de esa forma, porque en el fondo sé que lo que hice estuvo mal, espectacular,
pero mal. Las cosas no se salieron de control porque sí, yo quería que así
pasara y cuando el destino ve que deseamos algo con tanta fuerza, conspira para
complacernos.
Quedaban tres meses para que yo me casara con el
hombre de mis sueños, un hombre genial, que me trataba y me trata como al amor
de su vida. Pero las personas no nos conformamos, yo no me conformé con eso. Llevaba
un par de años en ese trabajo, de contadora y mi jefe realmente era un hombre
tractivo, ya se me había insinuado anteriormente, pero me hice la difícil y no
quise acceder. Pero faltando tres meses para casarme, me tocó quedarme un poco
más tarde en la oficina, revisar algunas cuentas, unos números por aquí y otro
poco por allá. Él acababa de separarse de la esposa hacía apenas unas semanas,
ni un mes. Entonces pasó lo que tenía que pasar, empezó a coquetearme y le
seguí el juego, la vez anterior me había hecho la difícil por un buen motivo,
yo era virgen, y aun lo era esa siguiente vez, solo que ahora me pensé para mí
misma “no seas tonta, nunca va a saber que perdiste la virginidad con tu jefe y
quizás nunca vuelvas a tener la oportunidad”.
Pasó, lo hicimos en la oficina, con mi novio
esperando en el carro a que yo terminara de hacer las horas extras, esperándome
para ir por una hamburguesa, mientras su novia gozaba con su jefe.
Algo más de nueve años han pasado desde entonces, nunca
se lo confesé, no vi la necesidad de hacerlo, pero guardo ese silencio conmigo
y en ocasiones, cuando estoy con mi esposo, la memoria me hace una mala jugada
y recuerdo aquel episodio con mi exjefe. Hace años salí de ese trabajo,
económicamente estaba bien, pero preferí renunciar, porque de no haberlo hecho,
me hubiese convertido en la amante de ese hombre.
Respuesta: Que las caravanas de productos macrobióticos para
anular deseos impuros te bendigan. Amiga, voy a empezar por el final. Sí, así
no se hacen las cosas, yo sé, pero no tengo remedio. Permíteme expresarte mi
admiración, mi felicidad, mi empatía, mi convencimiento de que existen buenas
personas, porque tú supiste retirarte a tiempo de la tentación. Otra en tu
lugar se habría quedado comiendo de ese caldo, guindando de esa cuerda como
bombero en un incendio. Viste las cosas que se venían a futuro, lo que podías
perder y tuviste la fuerza para decir ¡No!
Porque no estuve ahí, pero qué bien tuviste que
haberlo pasado en esa oficina, sudando entre papeles, contando números entre
las mieles indignas de los deseos más bajos de la humanidad. A mí me habría
encantado estar en tu lugar, en el de tu vio, francamente no. Te imaginas lo
que es estar uno todo embobado esperando al amor de su vida afuera del trabajo,
mientras que a ella le dan duro como a piñata de fiesta, no, francamente no me
habría gustado ese lugar, ahí no juego.
En mi libro “Cien teorías del por qué gozamos lo
prohibido” me adentro en la mente humana e indago sobre los motivos que nos
llevan a jugar en camas ajenas. Es fascinante ver la multitud de personas
jugando piedra, papel, tijera, y no precisamente en un juego de niños.
Espero que el momento de placer carnal que
disfrutaste, haya quedado solamente como una experiencia, como una inocentada
de esas que no deben turbarnos la paz en ningún segundo de nuestra divina
existencia. Porque tal como lo dices, el hombre que tienes a la par es el
hombre de tus sueños, quizás no sea el hombre de tus lujurias, pero sí el de
tus sueños. Espero que las cavernas del santo purgatorio nunca tomen tu desliz
en cuenta.
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