Disculpe usted mi atrevimiento
pero he de decirle y es muy cierto,
que tiene usted toda mi atención
y que a menudo me despierto
imaginando de sus besos su sabor.
No se moleste,
no quiero parecer un imprudente,
pero mi corazón no siente
más latidos que los que llevan su candor.
¡Madre mía!, si tuviera yo de usted
un beso con sabor a miel
para comérmelo de postre
y provocar que su escote
caiga directo hasta mis pies.
Voy a apagar las velas
de este fin de semana de aniversario,
pues llevo ya un buen par de años
de pedirla de regalo…
vamos… ande… anímese.
Léame mis derechos y hagamos democracia,
tenga usted la gentileza
de sentarse hoy en mi mesa
para aventurarnos a la gracia.
Sírvase tranquila la primera copa
y no se sorprenda si descubro su emoción,
que no se enteren las luces
de los pecados de la sombra
que acaloran mi temblor.
Usted, usted, usted
me ha robado la cordura,
sea bendita su hermosura,
sírvase un beso a su parecer.
Comentarios
Publicar un comentario