Esos delirios de grandeza
de ángeles modernizados
que ingieren té de pecado
y vuelven para perdonarse a la adversa.
Esas caricaturas de híbridos amoríos
que destilan ritmos jubilados
y que se derriten junto a los ríos
donde dejan la ropa los enamorados.
Ni tuyos ni míos
no son de nadie los recuerdos consumidos,
no son de nadie las bocas que no se tocan
y las miradas que antes se atravesaban
no son de nadie,
no tienen dueño.
Préstame la quinta parte de tus encantos
para empeñar mi sangre junto a tus besos,
jugaría a las escondidas si tú quisieras…
si tú quisieras decirme la contraseña de tus ligueros.
Alquílame un dormitorio con ventana a tu vestidor,
con vidrios que no se nublen con tu pudor,
cada mañana cuando amanece hace un calorcito
cuando giro y miro tu cara a mi ladito.
No son de nadie
los barcos donde navegan las ilusiones
que sirven de simples trucos en las funciones,
no son de nadie
las gotas del sudor frío de la tormenta,
los jugos abdominales de tus caderas
y el boleto de la premier de tu belleza.
Si yo fuera un trapecista
haría acrobacias entre tu sombra
y tendría un beso dispuesto
en la cuerda floja
para estamparlo donde tú quieras.
Pero entendiendo que solo soy columnista
que escribe en un diario local lo que le excita,
escribo cada domingo de mis locuras
y explico que la enfermera que me cura
tiene tratamientos que son prohibidos
y desconocidos por los maridos
que juegan de puritanos
y que desconocen los favores de la lujuria.
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