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Los crímenes de Bianca (Leandro)
Larry entró en Carlito’s Bar con cierta locura, se detuvo en la puerta, miró dos veces en todas direcciones, se sacudió los hombros, se persignó y luego se quedó quieto. Todos los clientes estaban mirándolo, su compañero estaba en el baño y no había visto aquella escena tan peculiar.
-
Parece
que viste un fantasma Larry – le dijo la mesera que llevaba una bandeja con
tres cervezas y algunas cosas para picar.
-
¿Fantasmas?...
no…
-
Tus
pecados te siguen…
-
¿Andamos
nerviosos hoy? – preguntó el otro mientras tomaba asiento.
-
Dime
– Larry estaba sudando frío - ¿crees en las coincidencias?
-
No
soy mucho de eso, soy más de pensar que nada pasa por azar.
-
A
veces creo que he hablado de más.
-
¿En
serio? Cada vez son menos sobre los que hay que hablar.
-
Debe
ser estupidez mía, pero a veces siento que estoy en un interrogatorio – el
guarda sonrió sin mucho esfuerzo – hay otro nombre que salió de la locura –
siguió Larry – e incluso pareció la solución a muchos problemas.
Diario de Bianca, página 76
Conversatorio en el bar
-
¿Cuándo
llegó Leandro? O más bien… ¿por qué?
-
Porque
en el momento en que su lucidez lo hace reaccionar por un segundo y se da
cuenta de lo del cuchillo, Nicolás dejó de serle útil. Una persona como él
ocupa a alguien que le guíe y dime… ¿quién iba a confiar en un asesino?
Diario de Bianca, página 83
-
Entonces…
¡Oh, Dios! – se levantó, dio dos vueltas a la sala y luego me estrechó la mano
– eres el genio detrás de todos esos asesinatos.
-
Baja
el volumen, alguien puede escucharnos – aunque para que alguien nos escuchara,
la morena del cuarto de al lado tendría que dejar de gemir con su novio-.
-
Tranquilo,
tranquilo – me dijo tomando asiento – sólo me preocupa una cosa.
-
¿Cuál?
-
Que
aún estés aquí, seguiste haciendo charlas virtuales, alguien con experiencia
podría ubicar la dirección física de tu computadora.
-
No lo
sabía – perdí la noción de ciertas cosas- pero tengo a alguien que me está
ayudando a conseguir la documentación para salir del país.
-
¿Quién?
¿ese policía? No puedes confiar en él.
-
¿Por
qué no?
-
Porque
juega en ambos bandos, va a llegar el momento en que tendrá que decidirse y se
irá por la más fácil.
-
Lo
tengo – me dijo la voz al otro lado del teléfono.
-
¿Todo?
-
Pasaporte,
visa norteamericana, registros de nacimiento y matrimonio.
-
¿Cuándo?
– Leandro me hacía señas para que apurara aquello lo más rápido posible.
-
Tu
vuelo sale en ocho días.
-
Me
voy en una semana – le dije a Leandro mientras colgaba el teléfono-.
-
Llévame
contigo.
-
¿Cómo?
-
Que
me lleves contigo, vas a necesitar a alguien que te ayude.
-
Es
muy peligroso.
Leandro siguió viniendo durante los siguientes días a mi casa, todos los días llegaba a las tres de la tarde y se iba ya entrada la noche, lo excitaba saber todos los detalles de lo que consideraba algo heroico, porque en este mundo de hipócritas alguien se animaba a actuar de manera cuerda, lástima que los periódicos fueran tan amarillistas que me querían hacer ver como el malo de la película, yo simplemente estaba curando gente, liberándolos de sus penurias humanas, de sus aflicciones, estaba llevando a cabo la tarea que Dios mismo quería que yo hiciera.
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