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Los crímenes de Bianca (Capítulo último: Ajuste de cuentas)
El viejo Larry cruzó aquel pasillo con paso acelerado, tan rápido como pudo, no medía sus pasos en medio de aquel piso de concreto, simplemente iba con prisa, tanta que, si hubiera un fajo de billetes de cien dólares en el suelo, no se habría detenido a levantarlo, no había tiempo para eso. El reloj indicaba las cinco y catorce pasados meridianos, a las seis era el cambio de guarda. No había informado a nadie, simplemente corría, aquella nota que el otro guarda le dejó dentro de su casillero era más que suficiente "hoy acaban las cosas" decía la nota escrita en papel periódico, entonces por fin, llegó a la celda, dentro estaba aquel recluso cuyas anécdotas contó semana a semana sentado en el bar.
Tomó aire, se recostó a la puerta y miró el cuarto de tres metros de fondo y tres metros de frente. Su ocupante estaba sentado en la cama, el inodoro estaba limpio, un libro abierto estaba sobre un viejo escritorio y un rollo de papel higiénico alcanzaba a verse debajo de la cama, pero no había nadie más.
- Creo que ese chico no es tan estúpido, no, no lo es- dijo en voz baja mientras reía, estaba jadeando por la carrera que había hecho por los pasillos.
- ¿Eso piensas? - la voz sonó detrás suyo y casi de inmediato sintió una pistola que tocaba su nuca - anda Larry, sé que trajiste la llave, abre, sé que en el fondo tú quieres que las cosas sucedan así.
- No sabes a qué juegas – refunfuñó Larry mientras ponía la llave dentro de la cerradura.
- Te sorprendería si te digo a qué estamos jugando.
Larry abrió la puerta, miró a su compañero y ambos ingresaron en la celda, la cama estaba al fondo, el guarda se quedó de espaldas a la puerta, Larry quedó de pie, a la derecha de la habitación.
- Esto es una locura - le dijo Larry - en un rato será el cambio de turno, los dos debemos estar ahí y lo sabes.
- No creo que los dos lleguemos a estar - el guarda sujetaba la pistola con fuerza, a sus treinta y cinco años empuñaba aquella arma aferrándose a la vida.
Recuerdos de Larry
No sé si en aquel entonces hice bien en decirle a Miranda que las cosas estaban empeorando, supongo que ya había notado que le ocultaba muchos detalles, pero ¡al carajo! Si es tan bueno como dice, pudo averiguarlas por su propia cuenta. En ese trabajo me agradecieron mis años de esfuerzo haciéndome a un lado, como si no hubiera hecho suficiente por ellos.
En la celda
Por un segundo daba la impresión de que estuvieran solos, porque el tercero en el sitio ni siquiera alzaba la vista, tenía los dedos de los manos entrecruzados y no movía ni un pelo.
- Estoy seguro de que sabes algo más Larry, mucho más de lo que has dicho.
- ¿Eso piensas Roberto? - Larry se volteó - Dime ¿por qué jodida mierda sabría yo más de lo que he dicho?
Recuerdos de Bianca
- Dios va a castigar a aquellos que mancillaron su nombre haciendo ídolos de piedra y madera y se atrevieron a arrodillarse ante ellos. Aborrecerá a aquellos que lanzaron el yugo contra el oprimido y por supuesto, a aquellos que siempre fueron mucho para sonreírle a los demás - me detuve frente a la ventana de aquel motel, las sirenas sonaban en alguna parte - te agradezco que hayas servido de amigo.
- Sabes que ha sido un gusto.
- ¿Esos son los documentos? - y extendí la mano para tomar los papeles que estaban dentro del sobre.
- Sí - me dijo mientras se sentaba en la silla - encontrarás todo, visa americana, pasaporte, cédula, registros de banco, todo.
Yo tenía nostalgia, saldría del país para nunca regresar, como las aves que alzan el vuelo y nunca vuelven al lugar donde partieron porque las nubes son tan generosas que crean nuevos paraísos. La vida nos envía a lugares que desconocemos para mostrarnos que nuestra deuda con Dios es infinita, igual que su misericordia para con aquellos que se arrepienten de corazón por sus pecados.
- Yo te contactaré tan pronto como sepa que las aguas se han calmado.
- Gracias, Larry. Te lo agradezco - y nos dimos un abrazo - Eres un buen amigo.
En la celda
El guarda parpadeó dos veces sin soltar el arma, Larry lo miró de arriba a abajo, sonrió de manera sarcástica y continuó.
- ¿O prefieres que te llame por tu verdadero nombre... Enrique? ¡No! No me mires así, soy más listo de lo que crees, dame algo de mérito.
Enrique tomó el arma todavía con más fuerza, pero la mano izquierda le tembló sin querer, miraba a Larry, al techo, a aquel tipo sentado en la cama que no se movía y que, sin embargo, era un asesino serial. Miraba todo, todo excepto que Larry había sacado su arma y ahora se apuntaban entre sí.
- Desde mi punto de vista - dijo Larry - tenemos tres opciones... me matas, te mato o bajamos las armas y dejas que te narre los puntos que le faltan a esta historia.
- Desde el mío, creo que quedan muchas preguntas – contestó Enrique.
Entonces el hombre que estaba en la cama soltó una sonora carcajada, Larry se acercó a él sin dejar de apuntar a su compañero, lo tocó en el hombro y comenzó a calmarlo.
- ¿Qué tanto has hecho Larry? – preguntó Enrique.
- ¿No es obvio? – Larry se sentó en la cama – debiste ver la cara de Regina cuando le di la golpiza para que entrara en aquel vehículo frente al condominio, o la de Sandra mientras se extasiaba, terminé dentro suyo mientras él la ahorcaba, murió satisfecha.
- ¡Eres un asco! ¿por qué él nunca dijo nada?
- Perdió sus facultades, cayó en la locura, con cada comida que le traía comía medicamentos que yo le agregaba para la sazón.
- ¿Por qué lo hiciste? – Enrique no dejaba de apuntarle.
- No vas a dejar de apuntar ¿verdad? – Larry tomó su arma y apuntó a la cabeza del hombre que estaba a su lado – lo hice por venganza, en la comisaría no apreciaban mi trabajo, yo era poca cosa, otros empezaron a sobresalir. Yo escuchaba el programa radial de la Doctora Bianca, un día lo contacté y este tipo, este tipo era un genio, a pesar de la esquizofrenia, pero había que saber explotarlo. Todos tenemos talentos, dones, algunos los ocultan, pero hay quienes nunca los descubren ¿quieres la cereza del pastel? – Enrique no respondió nada, siguió en silencio – el auto misterioso que sonaba la sirena cuando mataba a alguien era el mío, así la doctora sabía que debía irse de la escena, todo estaba calculado, y qué hay de ti ¿cómo saliste de la fosa?
- Resulta que la tabla no fue tan buena idea – Enrique bajó el arma lentamente – desperté con poco aire, demasiado poco, aterrado porque no sabía mi situación, no sé el tiempo que estuve así, lo desconozco, pero después de un rato empezó a llegar algo de noción a mi cabeza y mientras llegaba esa noción alcancé a observar un diminuto rayo de luz a la altura de mis rodillas, pero la tabla ejercía presión sobre mi cuerpo, intenté zafarme pero me resultaba imposible desde mi posición, gritar tampoco era una opción, tenía la boca prensada contra la madera. No sé cómo pude alzar mi pierna izquierda y comenzar a golpear la tierra, empezó a ceder y el rayo de luz aumentó un poco de tamaño, tomé fuerzas, cada vez quedaba con menos aire, supongo que no me tocaba morir…
Enrique se detuvo ante el sonido de un disparo. Parpadeó con fuerza y observó a Larry delante suyo, con las manos cubriendo su estómago, Larry quitó sus manos y la sangre empezó a brotar sin detenerse, a su lado estaba el hombre al que conocía como la Dra. Bianca, sujetando el arma de Larry, tembloroso, con las dos manos en la pistola, dio un brinco y la soltó, el arma cayó a los pies de Larry, pero este ya no contaba con tanta fuerza como para tomarla y vengarse.
- ¡Nicolás! ¡Leandro! – gritó la doctora tapándose los oídos y arrodillándose - ¿dónde están? ¿dónde? – comenzó a llorar desconsoladamente, luego se limpió los ojos a como pudo - ¡tú! ¡tú! – le gritó con fuerza a Larry – tú los mataste.
- No existían – le dijo Larry mientras se desangraba.
- ¿Y Paolo? ¿Amalia? ¿tampoco existían?
- ¡Los mataste tú! – le gritó Larry sin quitarse las manos de la herida - ¡tú!... La gran doctora mató a todos.
El hombre tomó el arma con rapidez, lo puso en la boca de Larry y le disparó otra vez, luego miró a Enrique, pero antes de que pudiera disparar, este tomó su arma y le despachó un tiro en la frente.
Entonces llegaron los otros guardas a la celda, miraron a Enrique, uno de ellos le puso la mano sobre su hombro derecho y sin decir nada, le preguntó sobre aquello con la mirada, sin mover los labios, pero Enrique no contestó, no le salían las palabras. Cuando le salieron las palabras dijo la verdad a medias, había sido en defensa propia, Larry estaba discutiendo con el preso y cuando él llegó, se desató la locura, el hombre disparó a Larry a quemarropa y él tuvo que disparar al preso para poder salir con vida.
Los nombres de todas las víctimas permanecen en la celda, pero al cabo de unos días, cuando iban a ingresar a un nuevo preso en ese lugar, Enrique anotó con su letra otros dos nombres, los de Larry y Bianca, resulta que hasta aquellos que quieren ayudar a los demás, a menudo son víctimas de su propio infierno.
Perfiles Psicológicos
Personajes por cantidad de episodios
Ana C. / Vinicio / 77 episodios
Christian M. / Sandra / 72 episodios
Verónica Z. / Enrique / 64 episodios
Luis U. / Isabel / 63 episodios
Francisco J. / Evangeline / 60 episodios
Nicole Q. / Nicolás / 58 episodios
Diego M. / Amalia / 57 episodios
Vanessa R. / Donato / 50 episodios
Danette A. / Paolo / 47 episodios
Irene Q. / Romeo / 42 episodios
Melissa U. / Mateo / 35 episodios
Sander Q. / Regina / 32 episodios
Priscilla C. / Fabián / 31 episodios
Escarleth E. / Alfonso / 21 episodios
Argierie M. / Tadeo / 20 episodios
Javier P. / Rebeca / 14 episodios
Susy M. / Leandro / 8 episodios
Jimena V. / Augusto / 7 episodios
Actuaciones Especiales
Joselyn H. / El abogado / 11 episodios
Laura Z. / El jefe / 4 episodios
Allan E. / Catalina / 3 episodios
Yerlin V. / El anciano / 2 episodios
Marcelo S. / La charlista / 2 episodios
D. Marín / La chica sexy / 1 episodio
Reymer M. / El fantasma / 1 episodio
Gracias a todos los que formaron parte de Perfiles Psicológicos y Los Crímenes de Bianca, porque la historia es de ustedes, yo solamente la escribí.
Sarchí, Costa Rica
MMXXIV - MMXXV
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