Comentario: Hola, ojalá y pueda comentar mi caso. ¡Me
difamaron! Así como lo lee y lo escucha (porque yo escucho lo que leo). Hace un
par de semanas comenzó en el sitio donde trabajo, el terrible caso de los
utensilios desaparecidos, además de cucharas se contaban también tenedores
dentro de las desapariciones. Empezó entonces un cuchicheo dentro del lugar, el
típico en estos casos, me imagino.
Permítame detenerme para comentarle que
admiro muchísimo que se tome el tiempo para leer a quienes aquí recurrimos.
Continúo. El cuchicheo y las desapariciones llevaron a que cada uno de nosotros
recibiera un juego de utensilios de parte de la empresa, el cual debemos cuidar
como cuidamos nuestra virginidad, o sea… con todo nuestro corazón, a fin de que
no tengamos que comer como los bárbaros, metiendo las manos en la comida… ¡ay,
perdón! Acabo de acordarme que hay casos donde sí se mete la mano en lo que comemos.
Continúo. Si yo le contara a usted las maravillas visuales que uno aprecia en
ese lugar, perdón, volví a desviarme.
Bueno, aquí la cuestión es, que sí, lo
admito, yo tomé uno de los tenedores y lo llevé a mi casa, al inicio no me di
cuenta, pero luego, observé que ese tenedor no hacía juego con la vajilla de
porcelana holandesa que yo tenía, así que lo devolví sin que nadie se diera
cuenta. Sí, también lo admito, tengo la costumbre de colocar las cosas donde
guardo mi almuerzo en el bolso de mi mejor amiga, con la mala suerte de que,
por equivocación, metí en dicho bolso otro de los tenedores del trabajo, que
tuvo la fortuna de llegar a tocar mi boca. Tampoco de esto me di cuenta, hasta
que ella lo notó y me hizo ver mi despiste.
Dos equivocaciones sé que les suceden a
todas las personas y quería confesarme, porque, abrí la boca innecesariamente
para contar esas anécdotas y ahora a cambio recibo burlas y miradas
indiscretas, porque dicen las malas lenguas, sí, ustedes que se sientan en esa
isla de escritorios y de los que mejor no cuento las cositas que sé, dicen… que
soy el ladrón de los tenedores.
Espero ansioso su sabia comprensión.
Gracias.
Respuesta: Hola, que todos los ángeles encargados de quitar
las tentaciones mundanas se posen a tu lado. Noto que tu pensamiento se desvía
en otras cosas superfluas mientras redactas este escrito. A la gente le encanta
difamar a aquellas almas que solamente buscan equilibrar el mundo, no los
entienden, los estigmatizan. Me parece, y digo que me parece, porque no te
conozco, que tienes un pequeño problema que afecta a una parte de la población
mundial y sobre la cual existe hasta una canción, un merengue creo, sobre una
tal María… me temo que eres cleptómano (cosa que descarto por la manera en que
escribes las vocales), es eso o eres una persona demasiado despistada,
posiblemente tu aura se ve afectada por aquellos que te rodean en el día a día
y para quienes la envidia que sienten al verte les juega una mala pasada.
Todos nos equivocamos, algunos más que
otros, lo que me causa curiosidad es que te equivoques sobre la misma situación
dos veces, pero bueno… quién soy yo para decirte algo, hay quienes se acuestan
con sus exparejas y no sienten culpa, esos son en realidad quienes se
equivocan, aunque también debo decir, que hay equivocaciones que ¡Bendito sea
Dios! las pone para que nos equivoquemos.
Tú deja que el planeta fluya a su ritmo,
déjalos que te molesten, que te humillen, que te azoten, que te tiren de
rodillas contra la pared, que te cacheteen… ¡valórate!, sé más que ellos y que
ellas, por aquello de que ahora hay que ser inclusivo y detallista. Al menos
notaste tu error y lo enmendaste, o tal vez fue que sentiste la presión de
otras personas, viste que tu alma ardería en las llamas del Infierno por dos tenedores
o qué sé yo…
Esparce tu alegría y emotividad por todas
partes donde vayas y permite que el aire entre libre a tus pulmones. Saludos, y
gracias por la confianza de exponer tu caso.
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