-
Tadeo
entró en esta lista casi por voluntad propia.
-
¿Por
qué lo dices, Larry?
-
Porque
la “psicóloga” no iba a considerarlo en un inicio.
-
¿Hay
alguna razón?
-
Sí –
Larry estiró los brazos – sintió que no podría avanzar con Tadeo tanto como
hubiese querido. Después de todo, Nicolás lo había avisado, la policía estaba
encima, era cuestión de tiempo para acabar con todo. No estaría por mucho
tiempo en la ciudad, por lo menos en un inicio, pero Tadeo logró convencer al
sujeto. La verdad es que Tadeo quería participar de aquellas charlas que varias
personas le habían comentado.
-
Tengo
una duda Larry, ¿cómo lograste montar todas las historias con tanto detalle?
Larry meditó un poco, acabó la cerveza que
tenía en la mesa, le metió un mordisco a las papas fritas que había pedido y
luego contestó.
-
Trabajaba
en homicidios, sería el peor profesional del mundo si no pudiera detallar las
cosas.
El otro lo miró con cierta dubitación,
pero no añadió ningún comentario.
Diario de Bianca, página 63
El día que por fin Tadeo se decidió a
hablarme sobre la posibilidad de acudir a las charlas, las cuales, ahora hago
de manera virtual debido a algunos asuntos personales, lo miré fijamente a los ojos
y a como pude le expliqué la premura del caso, pero el chico estaba decidido y
digo chico, porque Tadeo es apenas un muchacho que debe rondar los veinte o
veintiún años, aunque aparente tres años menos de lo que indica su documento de
identidad. Tiene la cara de un chiquillo y cuando siente que se acelera su pulso
y su humor, tiene la tendencia de apretar los labios y terminar la
conversación, por más interesante que sea la misma.
Algo le admiro a este hombre, algunos
entraron en las charlas o escribieron en el diario donde yo trabajaba por
recomendación de terceros, pero él no, él se sintió seguro de sí mismo, se
sintió con la suficiente fuerza para pedir por sus propios medios la inclusión
en el proyecto y yo admiro eso, admiro que las personas quieran tomar los toros
por los cuernos, en vez de simplemente dejarse envestir, eso es de aplaudir,
por eso es más complicado visualizar la muerte en estos casos.
Conversación en el bar
-
¿Cuántos
años tienes?
-
Treinta
y cinco – le contestó relajadamente a Larry – no soy tan chico.
-
Comparado
conmigo, lo eres – Larry lo miró detenidamente – tu cara me es familiar ¿nunca
te lo había dicho?
-
No –
el guarda miró su reloj, apenas daban las ocho de la noche – tal vez
simplemente es algo que te parece.
-
Sí,
pudiera ser, aunque… - Larry volvió a mirarlo con atención - ¡no!, tienes
razón, debe ser que las cervezas han empezado a hacer efecto.
Recorte de periódico
El país está en las manos de los
criminales y el gobierno parece una cobija mal colocada que no alcanza a tapar el frío que se vive con las leyes existentes.
Diario de Bianca, página 72
Este chico a pesar de su corta edad es
consciente de que el amor es una trampa en muchas formas, por eso se apartó de
la muchacha que lo amaba, lo endiosaba y le escribía poemas, porque nuestro
corazón no siempre corresponde a quien dice amarnos, a veces vemos con claridad
a pesar de las penumbras. Parece un hombre que sabe que no debe irse a la
primera tentación que le ponga la carne, yo debería aprender algo de eso, pero
creo que ya es tarde, yo ya no estoy para aprendizajes forzosos.
Dice que tiene una colección de historias
que pueden ser dignas de escribirse, que, si se anima, algún día me las
contará. Las charlas han disminuido considerablemente, me he apartado de mucha
gente y de lugares. Por ese motivo las he dejado de lado, esa es la verdad,
estoy trabajando en algo por internet, necesito generarme ingresos, también
estoy pensando en dejar el país, pero antes de eso, ocupo que salga toda la
documentación que necesito.
Diario de Bianca, página 82
… Tengo tantos lagunazos… hay cosas que se
me complican con tanta facilidad… tengo nubes en la cabeza, episodios que
desconozco por qué razón se me aparecen en la mente.
… justo ahora tengo una cortada en el
brazo izquierdo a la altura del codo, y yo estoy sin recordar nada, sin
encontrar la claridad de los hechos que me han traído hasta acá.
Hay alguien conmigo, no lo distingo, pero
alcanzo a escuchar un jadeo, alguien tratando de tomar el aire suficiente, yo
estoy en el piso, de cuchillas. ¡Malditos fantasmas! Los ojos se me abren un
poco, estoy en un edificio en construcción, lo sé porque hay secciones donde
aún no están las paredes.
-
Voy a
llamar a la policía – me dice la persona que está conmigo.
-
¿Quién
es? – trato de levantarme.
-
¡Quédese
en el suelo! – está llorando – o le juro que no respondo.
-
¿Quién
es? No lo distingo.
Lo escucho caminar unos pasos hacia mí,
alzo la mirada, ahora logro distinguirlo, no con tanta claridad, pero logro
distinguirlo, es Tadeo.
-
¿Dónde
estamos?
-
¿Dónde
estamos? ¿dónde estamos? – se gira y me da la espalda por un segundo - ¡por
Dios!, no lo puedo creer, usted me trajo, pero logré darle pelea y por eso
estamos aquí.
No tengo la menor idea de dónde estoy,
pero ya noté algo, detrás de mí hay lo que parece ser un mazo, bastante pesado.
-
No
esperaba esto de usted, de verdad – vuelve a dar la espalda – ¡es increíble!
En ese momento me abalancé hacia él,
estuvimos pujando por un momento, hasta que logró ponerse de pie y entonces, le
di con el mazo en la rodilla derecha, pude escuchar algún hueso crujir, se
tambaleó, me puse de pie y repetí la acción, esta vez en la rodilla izquierda,
pero antes de eso recibí un golpe en el rostro a puño, muy bien dado, he de
decirlo. Con ambas rodillas golpeadas Tadeo cayó. Pensé en darle con el mazo
por la cabeza, pero sonó una sirena, abajo había un auto parqueado, hizo un
cambio de luces y comenzó a avanzar despacio. Estábamos en un cuarto piso,
arrastré al muchacho hasta la orilla del nivel, yo estaba agotado y los gritos
de Tadeo no me dejaban pensar con claridad.
Cerré los ojos y al abrirlos, la vi, la
mismísima Virgen María parada frente a nosotros, con un hermoso vestido blanco,
con lentejuelas celestes, extendió su brazo derecho y me señaló la acera que
también estaba en construcción.
A como pude, alcé a Tadeo, lo acomodé en
mis brazos y con la fuerza que pude, lo lancé desde el cuarto piso, quedó boca
abajo, luego, le tiré el mazo. Escuché las sirenas, eran muchas, se acercaban
al lugar, yo estaba a dos cuadras del sitio cuando parquearon, volví al motel
donde me estaba hospedando y luego de ducharme, me acosté a descansar.
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