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Psicológia Sexual

 Yo tenía un buen pensamiento y un verano esperando para vivir, ella tenía una sonrisa entre sus manos y eso era suficiente para mí. Yo tenía un paso confiado y un secreto para ponerlo en el corazón, ella decía "llevo un sostén ligero estrenémoslo en el colchón". Yo tenía la costumbre de leer junto a la mesa y escuchar música suave mientras leía, pero ella meneaba su cuerpo en mi cabeza susurrando que así no me divertía. Tendía las cobijas para rechazar el frío me tumbaba boca arriba y ella como gata se subía y me desabrochaba el abrigo. Yo llevaba tres misterios del rosario del domingo y seis versículos del salmo noventa y dos, y ella me besaba el ombligo y dándome vuelta me blasfemaba una oración. No se puede ser prudente sin peligrar una ocasión, ni ser del diablo esclavo sin cadenas cuando lo amerita la pasión. Yo tenía una tele sin canales, sin antena y sin color y ella quinientos comerciales de sexo con repetición, un arsenal de posiciones que no sé dónde las inventó, u...

Una relación tóxica



Tenía que matarlo, no había más, tenía que hacerlo, era necesario para poder avanzar, esta relación ya era demasiado tóxica. Sí era la palabra, era tóxica, esta palabra de origen griego, usada por Aristóteles definía la relación: tóxica.

Hay personas que nos envenenan el alma, no importa que nos jodan el corazón, es un músculo y con seguridad puede curarse si se trata a tiempo, pero el alma.... el psique, el soplo vital no se cura, es una mariposa que se transforma en declives.

Mi desabrimiento, mis jaquecas, mi infortunio, todo era derivado del mito urbano de que conocemos a las personas por algún motivo. Nuestro motivo había sido por la cruel burla de la naturaleza humana, por ese insípido talante que nos conduce a hechos que no sabemos cómo suceden.

Habíamos surgido juntos después de dos psicólogos, un intento de suicidio, de la homeopatía y de un expediente clínico en el Hospital Psiquiátrico. Habíamos hecho una vida juntos, con altos y bajos (más bajos que altos), habíamos retado a la vida, al destino (si es que existe), al tiempo y al mismísimo Dios. Pero tocaba separarnos, por las malas, porque por las buenas no había funcionado. La mezcla llevaba seis cápsulas de antibióticos, cuatro analgésicos, cinco ansiolíticos, siete antipiréticos y tres antiinflamatorios. Los efectos comenzaban, era necesario, la relación era tóxica, esta vez no iba a fallar, yo ya no podía vivir conmigo, yo ya no me soportaba, si no me mataba yo, nadie iba a hacerlo.

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