-
¡La caliente!,
así se miraba aquella mujer, mira que hay gente que tiene verdaderamente una
imagen tan dañina sobre ellos mismos.
-
¿Por
qué se veía así?
-
Gente
insegura – Larry estaba encendiendo su tercer cigarro de la noche – pensaba que
todos la veían así, como una puta, nunca entendió que la gente la veía como
alguien con quien se podía hablar de todo.
-
¿Y sí
estaba como para echarle los perros?
-
Yo no
le pagaría, pero hay tantos gustos en el sexo como dioses en las religiones.
Diario de Bianca, página 40
Sandra era una diva, una mujer
sofisticada, un deseo ambulante para los hombres, pero eso en su opinión se
traducía en creer que el resto de las personas la veían como una puta, como un
ser que dedicaba su vida a los placeres de la vida, al sexo, a la fiesta, a
mirar lo que la vida pone delante de sus ojos, a desear las cosas ajenas. Pero existe
la posibilidad de que la gente en realidad viera en ella algo diferente. Lo de
ella era sentirse deseada, llevar aquellos atuendos que le exhibían la mitad de
sus pechos con toda libertad.
Anotaciones de Larry
Me causa incertidumbre que esta chica con
la juventud que poseía no viera venir las cosas que el destino traía para sí.
Tal vez no era tan intuitiva como ella misma creyó.
En este momento empecé a involucrarme con la
serie de crímenes, anteriormente lo llevaba el estúpido de Miranda, pero
aceptémoslo, no tiene los huevos para digerir estas cosas, también es obvio,
que ya perdimos algunas señas, pero todo asesino tiene su punto débil y todas
las reglas tienen su excepción.
Diario de Bianca, página 1
La gente tiende a echarle la culpa a las
redes sociales, a la juventud, al sexo. Hay gente que piensa que hace sesenta
años el mundo era un paraíso tal y como cuando Eva se paseaba sin ropa con
Adán, pero lo cierto es que hace sesenta, cien, doscientos, mil años, el mundo
era tal como es ahora, la diferencia es que ahora existe la tecnología. La
Biblia narra pasajes como el Diluvio Universal, Sodoma y Gomorra… donde el
libertinaje y el sexo dominaban a plenitud, asesinos como Caín que mató a su
hermano Abel. Entonces creer que antes las cosas eran diferentes es una señal
sensacional de ignorancia, lo que sucede es antes no teníamos los recursos para
enterarnos de todo, pero libros como “Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde”, “Drácula”,
“Frankenstein” nos ofrecen pasajes certeros en la mirada de algunos de los
grandes genios escritores.
Anotaciones de Larry
La crueldad de algunos casos que han
sucedido en los últimos meses me hace dejar de creer en este maldito mundo,
pero estamos nosotros, la autoridad, los que hacemos que se cumplan las leyes,
los llamados a ser los héroes parroquiales de este nido de ratas que cada vez
se infecta con más agravios.
Diario de Bianca, página 41
Esta página está arrancada casi en su
totalidad, hay apenas leves referencias a algún viaje a Colombia, pero tan
ilegible que prácticamente no vale la pena mencionarlo.
Diario de Bianca, página 42
Sandra tenía leves espacios de cordura,
muy leves, pero en ocasiones sus capacidades mentales se elevaban y entonces,
en ese momento, un mar de sabiduría se erigía con orgullo. Sandra llegó a las
charlas en forma de diversión, sin buscar nada en particular, pensando que
moriría a sus veintinueve años, luego pensando que moriría a los treinta, que
la vejez nunca iba a llegar, que esto, que lo otro, que, si las cosas pasaban
así, que la juventud, en fin.
Un
día a la salida de los baños me lo aclaró todo en frente de otra asistente.
-
Yo
creo que usted tiene la impresión de que soy una puta.
La otra miró con cierto recelo mientras
lavaba sus manos y yo me limité a expresar algunas ideas mías que contradecían
aquella opinión tan sucia y tan poco objetiva. Nosotros hacemos pensar a los
demás lo que nosotros mismos proyectamos, tan simple y escueto como eso. A la
cuarta o quinta vez que Sandra asistió me di cuenta de que aquello no iba para
ningún lado, porque nunca iba a cambiar su atmósfera, sus relaciones, su forma
lasciva de ver a los hombres y al perro hay que quitarle la rabia antes de que
infecte a los demás.
Acordé la suma adecuada con cierto joven
de buen ver que ya me había colaborado en el caso del condominio, todos tenemos
un precio, nadie escapa a esta regla. Se acostaría con ella y limpiaríamos un
alma para que Dios tuviera piedad de esa mujer. Lo admito, creí que sería más
sencillo, pero resulta que Sandra no es chica tan fácil como ella quiere
hacerlo creer, nos tomó cerca de un mes, tiempo en que tuve que soltar un poco
más de dinero para que el sujeto la invitara a comer, le diera algún que otro regalo
y la hiciera sentir especial, porque eso buscan las mujeres, que los hombres
las hagan sentir especiales, aunque es bien sabido que los hombres tienen sexo,
miran el terreno y si lo ven complicado, vuelven a tener sexo y luego se van.
Había llegado la noche acordada, sábado
catorce, ya estaba un poco entrada en tragos y pasaba las manos por las piernas
de él con un poco más de confianza y recibía el mismo trato, un beso aquí, una
risa allá, pero cuando el tipo la besó en el cuello y comenzó a andarla con la
lengua, fue poco el equilibrio mental que Sandra puedo manejar, dejó caer el
trago que aun sostenía en su mano izquierda, se dejó quitar la blusa y metió la
cara de aquel sujeto entre sus pechos. Tomó lo que quedaba en la copa, le dio
otro beso y comenzó a desnudarlo. Yo llegué cerca de diez minutos después,
cuando ya la poseían por completo, sin quejas.
Me asomé por la puerta, estaba sentada
sobre mi socio, mientras que el otro le pedía que se moviera con más fuerza, ¡vamos,
amor! Le gritaba, Sandra le hizo caso y en ese instante se dejó llevar por la emoción.
Yo estiré la soga que llevaba en mis manos, me acerqué de espaldas a ella y
comencé a asfixiarla lentamente. Seguramente creyó que era parte del show
porque emitió un quejido apenas leve, pero entonces fui apretando más la soga.
Debo decir que mi socio nunca dejó la acción, siguió en lo suyo, es un hombre
cumplidor, cuando Sandra cayó en razón de lo que estaba pasando, giró la cabeza
y cambió su rostro por uno atemorizado al verme allí, hasta que vencida se
desplomó en la cama.
-
¿Qué
hacemos con ella? – dijo mi socio.
-
Has
lo que quieras, me da igual.
Di media vuelta, pagué el monto que faltaba
y nunca supe lo que pasó con aquel cuerpo, sólo sé que el pecado y la lujuria
no pudieron ganar la batalla por poseerla, nosotros la habíamos llevado a la
salvación.
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