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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

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Tienes razón, no debí decirlo... pero, bueno... a veces, una quiere hacerse la fuerte. No me mires así, lo reconozco, no vivo en el país de las maravillas, ¿contento?. Sabes, hay ocasiones en las que me siento frustrada, sí, esa es la palabra. Podría acompañar esa palabra con muchas otras: defraudada, agotada, confusa.

Tengo estabilidad, cosa que a mis treinta y un años, es un bálsamo, pero lo que se dice felicidad, ese es otro cuento, porque es tan difícil ser feliz, soy creyente, cristiana, pero confieso que me parece que Dios toma vacaciones, justo cuando yo necesito la oficina abierta. Con mi esposo trato de aparentar tanto como es posible, gimo las veces que él quiera, lo beso y le respiro "te amo", pero ese respiro es muy caro para mi salud mental.

Mi futuro lo vislumbro sola, con mis chicos, sin pareja, por lo menos sin ningún hombre de los que conozco, todos buscan lo mismo y no todos lo merecen, me cuesta conciliar el sueño, abuso de mi celular, del Facebook, del ocio. Vuelvo a disculparme, no estoy en el país de las maravillas. Volveremos a vernos, cuando sea feliz, cuando supere estos traumas que me hacen compañía, volveremos a vernos.

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