-
¿Hiciste
la tarea?
-
Creo
que sí – dijo el otro mientras sacaba una hoja de su billetera, la tenía
doblada en cuatro partes – aquí está.
-
Vamos
a ver – Larry tomó el papel, bebió un trago de cerveza y le echó una mirada –
quién lo diría, pareces un chico muy listo – devolvió el papel a su compañero y
siguió - ¿quién es el siguiente en tu lista?
-
Augusto.
-
Sí,
Augusto, mmm… de los pobres cuerpos que pasaron por esa lista, Augusto es el
que menos tiempo tuvo relación, de hecho, apenas escribió una vez al diario,
pero esa vez, fue más que suficiente.
Diario de Bianca, página 18
“Yo le dije a mi madre, que ni se le ocurriera
vender la casa donde vivimos, porque me amarro a la casa y luego le prendo
fuego”, “yo recuerdo a aquella modelo famosa en Costa Rica a la que le di un
buen beso en una fiesta, pero no sé si ella se acordará de mí”.
Con frases como esa venía la carta que escribía un
muchacho joven, de no más de veintidós años y que respondía al nombre de
Augusto. Se describía a sí mismo como una persona solitaria, con mirada de
misterio e incomprendido por la sociedad, no había logrado encajar en el
ambiente laboral más reciente, sentía que otros lo menospreciaban, que no se
sentían bien con la compañía de él, los escuchaba murmurar a sus espaldas,
escuchaba sus risas a pesar de que no estuviera con ellos.
Anotaciones de Larry
La “Dra. Bianca” se refiere a Augusto como el caso
más satánico que tuvo a cargo, el tipo más desenfrenado, más oscuro y con
tendencia a la ira, con respecto a las personas que conoció. Tal vez por ello
sea por lo que, de todos, fue con él con quien actuó con más prontitud, la
agonía de algunas personas es el paraíso para otros.
Diario de Bianca, página 20
La vida de Augusto es una montaña rusa de desvaríos
entre el alcohol y el tabaco, aunque para sus adentros cree que vapear es algo
que no es nocivo para su salud, ¡pobres almas en desgracia!, cantaba Úrsula en
una de las escenas de La Sirenita.
Con Augusto es con quien menos tiempo he tenido de
intercambio de ideas, pero de quien escuché las peores aberraciones que alguien
con mi salud puede escuchar. Contactarlo, sin embargo, no incluyó métodos de
investigación ni nada que se le parezca. Las personas como Augusto buscan una
cosa, ser escuchados, que alguien preste atención a sus desgracias, a las
atrocidades que la vida insiste en ponerles en medio del camino.
Recorte de periódico
Su cuerpo fue encontrado sin vida bajo
circunstancias que se detallan más adelante y de las que las autoridades han
pedido toda la ayuda posible para localizar a quien sea culpable de semejantes
actos que atentan contra la vida humana.
Diario de Bianca, página 22
He de confesar que siento algo de empatía con esta
persona, en mi juventud también experimenté cambios de humor y desesperación,
existimos quienes no somos parte de los parámetros de belleza de la sociedad,
nos miran como bichos raros, como excentricidades de circo.
Por eso mi premura por sacarlo a él de este
laberinto donde se encuentra sumergido, por eso la celeridad con la que debo
actuar, hay cosas para las que por desgracia no tenemos tiempo de usar un
lubricante, hay que ir como sea, por las buenas o las malas, porque Dios nos
juzgará por lo que hicimos y por lo que dejamos de hacer, esto último es
todavía más importante que lo primero.
Diario de Bianca, página 24
Las personas confían tanto en quienes no conocen
que escriben las direcciones correctas donde viven, con detalles, color de
muro, lado de la vía, si poseen ornamentos o cualquier otro detalle. Así llegan
los carteros, los cobradores, los encargados del servicio exprés de comidas
rápidas, en fin, todos tienen acceso a nosotros, nosotros mismos se lo damos.
Ese día estuve rondando la dirección todo el día,
tenía claro cuál era la casa, no se me dificultó el llegar ahí, durante todo el
día no hubo ningún movimiento. Cerca de las tres de la tarde, quien supuse
correctamente era Augusto llegó, parqueó el carro frente a la casa, abrió la
puerta, encendió un cigarrillo y dejó la puerta a medio abrir. Unos segundo más
tarde, lo miré salir por la puerta trasera, sacó una bolsa con basura y
nuevamente, dejó la puerta a medio abrir.
Saludé a un par de transeúntes que pasaron a mi
lado y de a poco me fui acercando al lugar. No se escuchaba ni un suspiro,
quien estuviera allí estaba en silencio, asomé la cabeza por entre la puerta,
rodeé la casa y me asomé por la parte posterior, no se observaba a nadie y, sin
embargo, este hombre, Augusto, se encontraba allí, yo lo había visto entrar.
Caminé de manera pausada, yo ya estaba en la cocina, había platos sucios
sumergidos en agua, un par de trapos en el piso y una bolsa de cereal regada en
el desayunador. Escuché una ducha sonando a pocos pasos de mí, me acerqué al
sitio, miré por entre la sala y en algún dormitorio, no había nadie más, me
senté en uno de los sillones hasta que escuché la ducha cerrarse. Me pregunto
en qué parte de la casa planearía este sujeto amarrarse para atormentar a su
madre.
Entonces vi el lugar adecuado, la pared que se
encontraba entre la sala principal y el pasillo de dormitorios, estaba
completamente lisa, era el lugar perfecto. Me coloqué detrás de donde debía
abrir la puerta y al observar que esta abría pude ver a aquel tipo a medio
vestir todavía secándose el cabello con una toalla, en un acto rápido le cubrí
la cabeza, lo amordacé con la toalla y a como pude lo reduje en el piso, luego
de unos cambios de golpes por fin pude dominarlo. A pesar de sus patadas y sus
rabietas, conseguí amarrar sus manos a una columna y la otra la enlacé a uno de
los muebles voladizos, hice lo mismo con sus piernas atándolas a las patas de
la mesa, luego, puse unas revistas que encontré a su lado, sábanas, cajas de
cartón, cualquier cosa que sirviera como combustible y que hubiera en el lugar.
Vacié un poco de gasolina que llevaba en una botella y antes de prenderle
fuego, lo miré a sus ojos llorosos y le dije:
-
Esto
es para que aprendas a no amenazar a tu madre.
Salí por la puerta principal, la cerré y a un par
de calles de distancia miré la casa prender en fuego con su habitante dentro de
ella, las ambulancias pasaron a los pocos minutos, pero poco pudieron hacer,
quien amenaza a su madre… necesita una lección.
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