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Buenos
días, no se acostumbren.
Venía bañado, con el cabello húmedo, parecía
despierto. En el tiempo que llevo acá es la primera vez que veo a Donato en la
oficina a las seis de la mañana. Es más, yo no sabía que Donato era capaz de
estar despierto a esas horas, definitivamente el paseo a la playa había
transformado a este hombre en una renovación.
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¿Eres
tú o el fantasma de tú? – alcanzó a decirle Isabel recordando a Chespirito,
pensando que tal vez solamente era el cuerpo de Donato el que había llegado a
la oficina y el alma y la razón aún estaban envueltos entre las cobijas
esperando que el reloj diera las ocho ante meridiano.
Donato de madrugada en la oficina un martes, la
muchacha de IT también había llegado a trabajar, tuve la intención de
levantarme para ver por la ventana si venían bajando los cuatro jinetes del
Apocalipsis, pero supuse que, de ser así, escucharía a la gente gritando en las
calles, cosa que no sucedió.
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¿Cuándo
la ha decepcionado Vinicio?
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Evangeline,
si me da chance, abro Excel y reviso las fechas en que me ha decepcionado.
Isabel me miró de reojo, Nicolás y Vinicio giraron
sus sillas y Nicolás agachó la cabeza para que no se notara que reía.
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Es
cuestión de actitud.
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Es
que hoy se ve hasta con vida – le respondió Isabel.
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Sí –
le reafirmó Vinicio – es cuestión de actitud.
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Entonces
ayer en la tarde le dieron la dosis de actitud – alcancé a responder desde mi
silla – porque ayer venía con cara de entierro – Nicolás volvió a reír y Sandra
se acomodó los auriculares, pero era apariencia, porque estaba escuchando toda
la conversación.
Regina me había sorprendido, llegó hasta el cuarto
piso todavía con los ojos cerrados, no sé si tenía noción de dónde se
encontraba o a qué iba, porque no estaba despierta, el sábado no había logrado
conciliar el sueño en el hotel, pasó despierta hasta el domingo y el cuerpo
todavía estaba resentido por aquella salida.
Justo el día en que Donato conoció el amanecer,
Enrique llegó tarde, tanto así que cuando le escribió a Isabel para que le
comprara el desayuno, esta ya estaba de vuelta con el plato en la mano
escuchando el audio de Enrique, que por cierto olvidó el color negro y se
declinó por colores que le lucen mejor. Vinicio cocinó desayuno para él, Sandra
y Nicolás, no le vi las yemas de los dedos, pero debe habérselos quemado porque
la cocina no es lo suyo (palabras suyas, no mías), Paolo entró por la puerta
principal con los párpados caídos, con alergia, en estado somnífero, poco
después se enteró que era martes y Tadeo amaneció con dolor de cabeza. En
resumen, la madrugada de Donato alteró el mundo de la oficina con tal magnitud
que no hizo falta ningún cataclismo de la naturaleza.
Hoy se anunciaron varias cosas, este viernes es el
Team Building (un día de oficina sin estar en la oficina), o sea que es un día
para socializar, llevarse lindo, jugar, divertirse, comer con los compañeros y
sacar lo mejor de cada uno. Luego la vestimenta para la fiesta de la empresa
que será en tres semanas, preferentemente con abrigo o ropa bien cubierta, nada
de mostrar las carnes o seducir con ropas ligeras de hilos.
Este sábado se gradúa el abogado, yo hubiera
querido estar allí para felicitarlo en persona, pero dada la clandestinidad de
lo nuestro, deberé felicitarlo en otra ocasión y no sé si diciembre alcance
para eso, ya veremos.
A Tadeo este martes lo tomó mirando a una doctora
que pasó por el pasillo hacia la oficina del fondo, pero su masculinidad había
sido inspirada días antes por culpa de una extranjera que se paró frente a la
puerta a conversar por teléfono y que saludó a Tadeo, pero este le dio un
tímido saludo y escondió su rostro detrás del monitor de su computadora, era la
primera vez que una mujer lo intimidaba, la extranjera estaba muy guapa y Tadeo
flaqueó ante aquella belleza.
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