No, no amanecieron juntos, ni durmieron juntos la
noche del sábado, pero el domingo se esmeró en tenerlos juntitos apenas empezando
la mañana, para pasar el día en el Parque de Diversiones (como diría
Isabel, Sandra tratando de seguir el ritmo de la juventud que vive en Vinicio). Al
sitio llegaron, Vinicio enfundado en un short de mezclilla, gorra y camiseta
sin mangas y Sandra con blusa negra y lentes oscuros, aunque el sol no hizo
acto de presencia durante todo ese día. Ese mismo domingo en la noche me
escribió Evangeline, para corroborrar que yo asistiera el día siguiente a la
oficina, como si mis deudas las pagara alguien más.
Lunes por la mañana. Las clases fueron suspendidas
en todos los centros educativos del país, debido a la alerta amarilla que
cubría el territorio costarricense por las fuertes lluvias, cuando llegué a la
oficina antes de las seis ante meridiano, no se distinguía ni un espacio
celeste entre aquel cielo nublado, estaba lloviendo y el calor aún estaba
pendiente de llegar a mis manos, con ese frío también se me antojaba un café.
Evangeline me quiso como moneda de cambio,
ofreciéndome a Sandra para ayudarla en lo que esta creyera necesario, incluso a
domicilio, si era que Sandra así lo consideraba mejor. Estuve a punto de dar mi
opinión, pero entonces me detuve, dado que, si contestaba lo que tenía en medio
de la boca, iba a terminar diciendo alguna estupidez que podría,
inevitablemente, llevar a otra estupidez de mayor tamaño.
Entre el trajín del martes, cuando Alfonso tenía
la cara tensa por el trabajo, tuve una videollamada con el abogado, pero tan
breve, que fue más lo que tardé en salir, que lo que tardó Tadeo en abrirme la
puerta para volver a ingresar a la oficina. Eso sí, la videollamada tuve que
retrasarla un par de minutos, mientras Isabel se despedía y el ascensor llegaba
al cuarto piso.
-
Yo
siempre digo que no, pero luego termino diciendo que sí.
-
Espero
que no a todo – la mirada que me hacía Tadeo significaba que entendía mi
respuesta, que ya le daba por segunda vez en cuestión de un minuto, y luego, me
llevó dos minutos explicarle a Tadeo por qué había que alejarse de cierto tipo
de personas.
A Enrique le habían despedazado el corazón, al
llegar el martes a la oficina le llegó el turno de buscar campo en otro sector,
porque su espacio estaba en cuarentena y no había recibido el visto bueno de
Donato para sentarse en su lugar acostumbrado. Lo que sí recibió fue la
condolencia por parte de Nicolás, Vinicio y Sandra. Vinicio en cambio, estaba
abrumado por un sueño donde le reclamaban atenciones ausentes, cosas que los
enamorados se suelen decir sin querer. Dicen que el amor es ciego, pero yo voy
a actualizar esa frase, el amor además de ciego es idiota.
Este martes le regresó la educación a Sandra y se
atrevió a saludar a los pocos cristianos que estábamos, seguro se dio cuenta
que saludar no mata a nadie, como el sexo, el ejercicio o la comida saludable,
que dice Regina que son detonantes que asesinan a cualquier persona sin piedad.
-
¡Me
dijo ridículo! – estoy seguro de que cosas peores le deben haber dicho a
Vinicio, pero prefiero no preguntarle.
Alfonso estaba alejado del café, no lo había
probado durante la semana, estaba a puro puré, avenas y bebidas a temperatura
ambiente, nada frío ni caliente. El fin de semana le habían sacado la segunda
muela del juicio en la dentadura de abajo y estaba todavía adolorido, según mis
cálculos y mi experiencia en esos terribles pasajes, le debían quedar al menos
cuatro días más de dolores. Entonces Alfonso recordó los males que tuvo por
culpa de sus dientes durante su niñez allá en su querida Honduras, con Doña Yolanda,
la señora encargada de sacar las muelas valiéndose de sus uñas y un trozo de
hilo.
Donato se rascaba la cabeza tratando de entender
las matemáticas de su vida. No lograba razonar la manera en que Vinicio y
Sandra podían ir al Parque de Diversiones, salir del país y darse otros
placeres mundanos, mientras que él había salido el sábado en la noche y había
quedado en modo Adán y Eva hasta el viernes que Mateo se atreviera a depositar
el salario, hasta entonces Donato estaba destinado a pan y agua, como San Juan
Bautista en las celdas de Herodes. Y mira que Mateo pudo depositarlo hoy, que
sí, yo sé, tres días previos es mucho tiempo, pero hoy vestía de camisa blanca
y pantalón azul, me recordó a un personaje de caricaturas, pero la memoria me
falló y no recuerdo el nombre del personaje.
Paolo entró en el salón abrazándose a sí mismo y
se sentó junto a la ventana intentando agarrar algo de calor durante la
reunión, lo que yo creería que no logró, puesto que el clima afuera era de
absoluto invierno, por lo que aún debe tener las manos frías.
A Amalia todavía le dolía el alma de no poder
compartir cama, digo habitación con Evangeline durante el paseo que estaba por
venir en dos semanas y así lo hizo saber en la reunión. Dice Sandra que lo que
se manifiesta con bastante fuerza en el pensamiento, sucede, algo así es la
frase, la cuestión es que, si se pide algo con pasión, eso está destinado a
suceder, tal vez eso le falta a Amalia, pasión a la hora de querer compartir la
habitación con Evangeline, quizás le toque en un futuro cercano, ¡Dios quiera!,
para que se aparte de ella ese sufrimiento.
Casi es el almuerzo y pasó lo increíble, Alfonso
estaba todavía en sus cinco sentidos sin probar una taza de café, como si se
estuviera desintoxicando. Once y cuatro minutos de la mañana (creo, porque como
no hay sol), el estómago de Donato empieza a alimentarse de sí mismo.
-
¿Y si
adelantamos el almuerzo? – sus manos sujetaban el estómago, que parecía tener
vida propia, pero se sostuvo hasta mediodía, debió perder al menos medio kilo
de carne en ese lapso. Entre tanto se conformó con un snack, pero el piso de la
cocina estaba húmedo y entonces recordó su infancia, aquellos tiempos en que su
mamá lo regañaba por pasar por el piso mojado y le tocaba agarrarse de las
paredes para caminar por las orillas.
Mi abuela murió hace dieciocho años, pero siempre
decía que el Libro del Apocalipsis anunciaba tres días de oscuridad por los
pecados de la humanidad, como sean estos no me dará tiempo de arrepentirme de
mis pecados. Ni modo, quedará el arrepentimiento para otra vida.
El martes terminó normal. Vinicio delatando a
Sandra, le habían dedicado “Me bebí tu recuerdo” en un karaoke durante el fin
de semana, pero no sé si el hombre se bebió su recuerdo o lo escupió, por la
cara de Sandra creo que no se lo bebió con gusto. Evangeline dice que ella
nunca se niega, es como un vaso de agua, disponible para todos sin excepción,
hay cosas a las que es inevitable negarse. A Vinicio le vaticiné un futuro como
el de Sandra, donde los anillos se los suenan a su antojo y cada campanada abre
la iglesia. Nicolás se quiso ver serio, pero esa mirada de ángel caído no puede
quitársela de encima. Por cierto, Donato anunció que el lunes estarán en
cuarentena los asientos donde se sitúan Vinicio, Sandra y Nicolás, bienvenidos
a los juegos del estrés.
Una y treinta nueve pasado meridiano, Alfonso
tiene la cara de angustia, de las seis tazas habituales de café, no probó ni
una, me pregunto cómo irá a desaparecer el estrés este muchacho.
Y la próxima semana es la siguiente charla de
primeros auxilios, desde ahora espero con ansias la cara de asombro de Romeo
ante lo que va a aprender y espero que, si Nicolás va de voluntario, esta vez
sepa ser un moribundo con dignidad y no se ría en medio del accidente.
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