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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Los tres sabuesos (Oliver)

 

Escena 1

Creo que ya conociste a Clarice, yo soy el segundo sabueso. Hola, mi nombre es Oliver y ésta es mi historia.

Soy un chico de diez años, bajito, pelo negro, tengo la pierna izquierda un poco más corta que la derecha y desde hace siete años vivo en el Hospicio Saint John, en Louisiana. No conozco a mis padres, la madre superiora dice que es mejor así, que de todos modos si me hubieran querido no me habrían dejado acá.

Te comenté sobre Clarice porque ella me comentó sobre ti, dice que ya te conoce, es una chica simpática aunque lleva marcas de soga en el cuello, cuyo origen no me ha querido explicar.

Hoy estoy recluido en la bodega, la madre superiora me castigó por algo que no hice. Este va a ser un año nuevo para el olvido, la verdad, a esta hora del día no veo la diferencia entre que hoy sea 1908 y mañana 1909, voy a seguir en este sitio ¡Cómo envidio a Cassandra y a Augusto, ellos sí tuvieron regalo de Navidad!... una casa nueva con dos padres que van a quererlos para toda la vida.

Esta bodega es el sitio preferido por la madre superiora para hacernos enderezar por un castigo. Un sitio tan oscuro que probablemente no conoce el sol, con unas tablas viejas de madera por piso, donde es posible observar a las ratas que van hacia la cocina a buscar pan o cualquier otra cosa que la Hermana Hermione haya dejado fuera de las ollas por accidente.

A mí me encerraron por la travesura de Bernardo. Hoy durante el desayuno cuando el Padre Hugo hacía las oraciones, Bernardo sacó de la bolsa de su pantalón una lagartija, yo estaba sentado junto a él, la tomó con su mano derecha y la lanzó por el aire, la lagartija fue a caer directo sobre la madre superiora, quien soltó un grito desesperado mientras la Hermana Lucía trataba de quitárselo. Para cuando se calmó la situación, Bernardo se había corrido varios lugares y yo fui el único que quedó en la zona de despegue, -¡Oliver!- me dijo el padre, -¿te parece divertido jugarle una broma tan pesada a la madre superiora?-, de nada sirvió contar mi versión de los hechos, la Hermana Lucía se aproximó con una regla de madera, golpeó mis manos y luego me trajo acá, yo lloré explicándole que no había sido el culpable, pero en tierra de lobos cualquier intruso es comida.

La soledad de esta bodega es increíble, aunque puedes escuchar el ruido del comedor y a los niños jugando en el patio trasero, la próxima navidad pediré el mismo deseo de siempre: una mamá y un papá.

Escena 2

- Me parece increíble que ese niño se atreviera a hacerme eso.
- Estoy segura de que él no fue, madre.
- Hermana Sally, su amor por los niños no la deja ver lo diabólico que pueden llegar a ser.
- Madre, creo que es justo hacer ver que nunca hemos tenido problemas con Oliver. - le interrumpió el sacerdote.
- Discúlpeme, padre, pero creo que usted también es bastante permisivo con estos muchachos.
- Y dígame ¿hasta qué hora piensa tener allí al niño?
- Hasta mañana, el hambre y el frío lo harán comprender mejor el castigo. Un estómogao vacío enseña disciplina al cerebro.

Escena 3

Es primera vez que me encuentro acá, aunque Clarice me hace compañía, no es lo mismo. No recuerdo el día que llegué a este lugar, anhelo el día en que tenga padres, la Hermana Sally dice que si ella hubiera tenido hijos le habría encantado ser mi mamá. Es hermosa, parece un ángel, con los ojos celestes y el cabello rojo como las fresas. No debe tener más de veinte años, si yo fuera mayor le pediría que fuera mi prometida, es de las pocas personas junto al Padre Hugo que realmente me quieren. Desde el altercado del comedor ya deben haber pasado algunas horas, la Hermana Hermione ya debe estar por servir el almuerzo. Según he escuchado, acá a la bodega está prohibido traer alimento, la madre superiora dice que el hambre hace a la disciplina.

- Oli... Oliver, acá por la rejilla de la pared.
- Hermana Sally.
- Ten, la Hermana Hermione me ha regalado este trozo de pan y un vaso con leche... apúrate antes de que me vea la madre superiora.
- Pero...
- No des peros, toma... yo sé que no fuiste tú.
- Gracias hermana.

No sé si es la tristeza o el hambre, pero pude distinguir su sonrisa entre la rejilla... sonríe como las flores cuando están naciendo, con magia.

Le he dado un poco de pan a Clarice, dice Clarice que hace muchos años, antes de que yo naciera, este orfanato era una gran casa, con amos y esclavos, y que esta bodega estaba cubierta de heno y de caballos, que aún se puede sentir el olor a las caballerías si pones atención.

Escena 4

- Hermana Sally...
- Sí madre.
- Asegúrese de que no le lleven a Oliver de comer, recuerde que el hambre...
- Hace a la disciplina, madre.
- Correcto... sé que Oliver no fue el de la culpa.
- Pero madre, entonces...
- Verá hermana, de vez en cuando es sano que hasta los mejores sean castigados, así cuando crezcan y abandonen este lugar, podrán defenderse un poco mejor en la vida. Si uno de ellos muere acá es la voluntad de Dios, pero la ayuda que tenemos es muy poca y no quiero que nos la quiten porque no hemos sacado personas de provecho. Usted entiende... retírese.
- Sí madre, con su permiso.

Escena 5

A veces canto una de esas canciones que hablan de Dios y que el Padre Hugo canta durante la misa, dice el padre que cantarle a Dios es como hablar con él, yo canto y en ocasiones lloro porque en la conversación sólo escucho mis palabras, posiblemente canto cuando Dios está almorzando o jugando, ha de ser por eso que no me escucha.

"Dios está aquí tan cierto como el aire que respiras, tan cierto como la mañana se levanta, tan cierto como que te canto y me puedes oír"... qué raro, tiene razón Clarice... huele a humo.

- ¿Qué es ese olor hermana?
- El comedor madre, se está incendiando.
- ¿Cómo dice?
- ¡Madre!...
- ¡Hermana Patricia!... toque la puerta antes de entrar.
- El orfanato madre, se quema todo el orfanato.
- Rápido, reúnan a los niños, Hermana Sally, vaya por los bebés, rápido.
- Sí madre, pero ¿y Oliver?
- Yo me encargo hermana, usted vaya por los bebés.

Escena 6

- No puedo Clarice, el candado está por fuera de la puerta, está muy cerrada, Clarice no me mires así, haz algo... "¡Hermana Sally! ¡Padre Hugo! ¡ayuda!... Clarice haz algo... ¡Padre! ¡Padre!... ¡Auxilio, alguien, estoy aquí en la bodega!...

Escena 7

- Madre... hay que sacar a los chicos, madre.
- Lo sé padre, pero las ayudas, las limosnas, las hermanas están con los niños. Todos los bienes que tenemos aquí son necesarios, las contribuciones, tantas cosas que se han dado para la grandeza de Dios nuestro señor.

Pero en la bodega, en la soledad donde ningún dios se acerca, hay un chico que empieza a sentir el calor que lo sofoca.


Escena 8

- Clarice, apártame el humo... casi no puedo ver, ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Hermana Sally!, no puedo, ¡Auxilio!... deja que llore Clarice...

El llanto es tan mal consejero, que en vez de ayudarnos, nos pone en la memoria cosas que nos bloquean, que no nos dejan reaccionar, nos volvemos vulnerables.


Escena Final

El orfanato ha sido casi consumido en su totalidad por el fuego, salvo el campanario, el resto del viejo edificio ha sido arrasado por el incendio, las hermanas, la madre superiora, el padre y casi todos los niños observan desde el jardín cómo se rebaja el edificio a escombros.

- Al menos los niños están a salvo, madre ¿Oliver está con los otros chicos?
- ¿Oliver?. (Luego recuerda que ella no ha ido por el chico y observa la bodega)... sí padre, debe estar con los demás.
- Bendito sea Dios.
- Sí padre, bendito sea.

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