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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Los tres sabuesos (La decisión)

 

Esta noche es helada, Oliver y Clarice han ido a dormir en medio
de esta lluvia incesante que cae desesperada sobre el tejado.

La enfermera ha hecho la ronda habitual y se ha detenido en la oficina
desde donde puedo escuchar los gemidos infernales que blasfema.
Tengo dos opciones: el cuchillo y un frasco de pastillas.
Clarice como podéis imaginar, tiene un mayor gusto por el cuchillo,
creo que le trae recuerdos, en tanto Oliver compagina con ambos métodos.

Esto de quitarse la vida no es tan sencillo
Hace un tiempo hubiera esperado salir de este maldito manicomio,
pero creo que dadas las circunstancias, son pocas o nulas mis opciones de salir.
La comida asquerosa de la cena aún está en el plato,
ni las cucarachas la han querido.

Blasfemar contra algo o alguien ya no tiene sentido,
todo se va a la mierda, igual que lo que me quede de vida.

Analicemos: el cuchillo es bastante rápido aunque doloroso,
placentero eso sí, da la sensación de nostalgia.
Las pastillas por el contrario, deben ser un gran cóctel,
una variedad de sabores alucinantes alrededor de la boca.

Dice Clarice que la enfermera ha terminado de gemir
y está vistiéndose para retomar la ronda,
Oliver está en la puerta esperando a darme la señal.
Es necesario que lo que vaya a hacer lo haga antes
de que la maldita enfermera pase por acá.

Debo ponerme de pie y determinar cuanto antes lo que voy a hacer.
Callénse todos, no dejan pensar de manera cuerda...

....

Dime... si fueras yo, ¿vas por el cuchillo o las pastillas? ¿qué eliges?...

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