Lo que sufrimos las mujeres
- Las mujeres somos esa parte de la raza humana que debemos soportar todas las estupideces que comenten los hombres – dijo la conferencista.
Seguramente tendrá algo de razón. La charla lleva por nombre “El estruendoso mundo donde las mujeres estamos llamadas a sobrevivir”. Se había inscrito una buena cantidad de féminas. Todas aquejadas por el dolor y el sufrimiento de convivir con hombres acostumbrados a cagarla cuando las cosas se debían resolver de manera sencilla.
- Es terrible – continuó la conferencista – la forma en que nos atormentan con cosas que a veces parecen salidas de un libro de ciencia ficción. Levanten la mano aquellas que han deseado darle una cachetada a su hombre en frente de los demás, pero se han abstenido porque debemos mostrar una sonrisa, aunque se merezcan algo más triste para ellos.
El salón completo alzó no una, si no ambas manos. La mujer bajó las gradas y se mezcló con aquellas almas que habían abarrotado sus bolsillos.
- ¿Alguna de ustedes quiere contar alguna anécdota donde no supieron por qué estaban con ese hombre? ¿tú? ¿tú?
- Yo – dijo una mujer de alrededor de treinta años que estaba en la segunda fila – si se me permite.
- ¿Se lo permitimos? – dijo la mujer que conducía la charla – habla. Desahógate. Porque te encuentras entre iguales.
- Pasó justo la semana anterior – todas callaron – el muy idiota debía recogerme frente a la casa para que yo pudiera entregar unos pedidos. Ustedes saben que me dedico a la costura.
- Lo sabemos – dijo una mujer sentada junto a ella.
- Pues – continuó – le escribí un mensaje porque antes de salir de casa habíamos quedado en la hora que debía pasar por mí. Recibí un mensaje “Llego ya porque en media hora tengo una reunión importante” me alisté. Me puse guapa, porque a diferencia de ellos nosotras no podemos salir a la calle pareciendo mendigos. Comenzó a llover. Saqué mi sombrilla, salí de la casa y lo esperé, porque de su trabajo a casa es cuestión de minutos para que llegue.
- Ya lo veo venir – dijo la conferencista – dinos lo que ese mega idiota te hizo. No lo guardes para ti.
- Gracias.
- Todas estamos contigo – dijo otra mujer.
- Pues… pues… - una mujer le dio un pañuelo para que secara las lágrimas que comenzaban a salir.
- Ten fuerza, déjalo salir.
- Me llevé el aguacero encima porque el imbécil escribió mal el mensaje. En lugar de “Llego ya porque en media hora tengo una reunión importante”, quiso decir “Llego en media hora porque ya tengo una reunión importante”.
- Y… temo preguntar… ¿las costuras?
- Se las estampé en la cara, todas mojadas cuando llegó… - y siguió llorando.
- Lo ven, ven amigas por qué estamos acá. Pónganse de pie y díganme ¿por qué estamos aquí?
Todas se pusieron de pie.
- Con fuerza, que se escuche ¿por qué estamos aquí? ¡Quiero oírlas! ¡libérense! ¿por qué estamos aquí?
- ¡Porque son unos idiotas! – gritaron todas.
Entonces aplaudieron y pusieron fecha para la próxima reunión, donde tocarían el siguiente tema “¿Qué harían los hombres si no existiéramos nosotras para guiarlos?”
- ¡Nada! – adelantó una de las presentes – nada…
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