Evangelio del Arcángel Miguel (Capítulo Dos)
- Porque Dios ve con buenos ojos al Consejo. Nos escucha. Y soy yo quien preside al Consejo – dijo Lucifer mientras le acariciaba el cabello.
- Tú tienes poder – respondió ella – si hay alguien que puede aspirar a convertirse en un nuevo dios, eres tú.
- ¿Nuevo dios?
- Sí. Porque eres llamado el lucero de la mañana. Porque eres el arcángel preferido de Dios.
Las discusiones nacen cuando no aceptamos que las personas también tienen derecho a defender sus puntos de vista. La ignorancia se arropa en aquellos que, viendo los hechos, rehúyen. Porque existe un dios omnipresente que castiga a quien trata de engañarlo. Antes de que existieran profetas en las rocas, eran los ángeles los llamados a hablar de Dios.
Sucedió que Samael estaba con Gabriel, en el sector Oeste de la ciudad santa, cerca del gran faro. Oraban en silencio, tomados de las manos, con las cabezas agachadas. Cuando unos pasos comenzaron a sonar detrás de ellos y entonces se escuchó una voz que dijo:
- ¿Puede este faro iluminarse sin que yo lo pronuncie? – ambos abrieron los ojos, soltaron sus manos y voltearon sus rostros.
- No, Señor – contestó Samael – nada puede iluminarse sin que tú lo pronuncies – luego tomaron asiento.
- ¿Debo buscar a alguien fuera del Consejo para que me ayude?
- No. No debes – apuntó Gabriel – el Consejo es bastante capaz. Pero advierto que no todos están de acuerdo.
- ¿Cuál es el motivo?
- Serían seres muy inferiores. La verdad es que varios dudan de la necesidad…
- Convéncelos. Pues no actúo contrario al Consejo.
- Lo que quiere decir Gabriel – y Samael alzó la mano para pedir permiso – es que estamos en la mejor disposición de ayudar. Después de todo, para eso está el Consejo. Nuestro deber es obedecer y dar nuestra adhesión a tus propuestas. Estamos pues, trabajando en ello, Señor.
Convocó pues Lucifer nuevamente al Consejo. Y se encontraban todos sentados alrededor de la mesa. Y Gabriel tenía razón, había duda. Entonces se levantó Lucifer y tomando la palabra dijo:
- Es que ¿acaso este Consejo es superior a Dios? Nos reunimos como si fuera la primera vez que se nos pidiera estar de acuerdo en algo similar. Les recuerdo, queridos hermanos, que antes hemos visto con buenos ojos la misma situación ¿debería ser distinto ahora? ¿por qué?
- Porque antes hemos tenido consecuencias.
- Tienes razón Azrael – continuó Lucifer – hemos tenido consecuencias, pero es el plan de Dios ¿somos acaso más que él?
- Somos el Consejo – añadió Uriel – nuestro deber es hacerle ver que podrían existir fallas.
- Pero – dije con voz temblorosa – estamos para obedecer.
- Estamos para aconsejar Miguel – me corrigió Lucifer – sé que eres el más joven de quienes estamos acá y tienes aún dudas sobre muchas cosas ¿no las tenemos todos acaso? Y es entendible, completamente entendible. Somos elegidos de entre las legiones de ángeles. Somos elegidos de entre docenas de arcángeles. Somos elegidos porque tenemos convicción. Y digo que, hemos aprendido de nuestros errores lo suficiente, creo yo, como para saber qué corregir.
- Dile entonces que estamos de acuerdo – dijo Rafael.
- No debo ser yo quien le diga. La voz de este Consejo la tiene Gabriel. Es quien presenta los acuerdos que tomamos.
- Por cierto ¿dónde está Gabriel? ¿Por qué no ha venido a esta junta sagrada? – replicó Rafael.
Los otros miembros no tuvieron respuesta. Si había alguien que no faltaba a las reuniones del Consejo era Gabriel. Había sido designado por Dios como voz principal. Tenía a su cargo comunicarle aquellos acuerdos a los que llegaba el Consejo. Darlos a conocer a Dios. Porque Dios no participaba de aquellas reuniones y no ejercía control sobre sus decisiones. Algunas veces se presentaba cuando los acuerdos tomados no eran de su agrado, pero los respetaba. Así pues, Gabriel era el encargado de hablar directamente con él. Pero últimamente se le notaba con sus pensamientos dispersos.
Lo sagrado es de Dios. Todo cuanto existe en este sitio es de Dios. Por eso todos los ángeles lo alaban, por eso los querubines corren emocionados cuando se les acerca, porque entienden que en él todas las obras son buenas. Porque Dios no actúa nunca de manera desprevenida. Entendemos pues, que le debemos nuestra existencia porque él estuvo antes de todo. El Consejo fue designado por su propio mandato, escogido por él mismo para que le ayudara con todos los asuntos que deben atenderse. Los querubines, que son como niños traviesos corretean por todos los lugares jugando. Son seres inocentes que se divierten. Creados para alabar a Dios y adornar el Cielo con sus risas. Así pues, los querubines, las potestades, virtudes y demás legiones habitan conjuntamente, sin que exista sobre ellos ninguna mancha, porque todos conviven bajo el manto de Dios.
Entonces uno de los querubines vino a mí, me tomó por el brazo y comenzó a correr en dirección a los bosques, corría sin detenerse. Pero al llegar a cierta parte de la espesura, soltó mi brazo, me miró sonriendo y comenzó a correr en la misma dirección por donde habíamos llegado. Sonreí, porque no frecuentaba ese sector de los bosques con tanta regularidad, tomé la fruta de uno de los árboles, le di un mordisco y comencé a caminar tranquilamente. Di otro mordisco a la fruta y me senté recostado a uno de los árboles.
(Génesis 18:8 “Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron”.)
Fue entonces cuando me pareció escuchar risas. Presté atención, para corroborar los sonidos. Eran risas. Risas tan sonoras que no podían ser querubines, porque sus risas eran más bajas. Me levanté, miré alrededor y traté de seguir aquellos sonidos en la dirección correcta, hasta que comenzaron a hacerse más evidentes. Las risas se escuchaban ahora demasiado cercanas, tanto que parecían un canto. Me detuve. Frente a mis ojos estaba Gabriel, jugando en las aguas con Betsabé, una de las tribulaciones. Los miré con gracia. Gabriel se había ausentado de la reunión del Consejo por hallarse jugando. Quise acercarme para comentarle que todos habían preguntado por él durante la reunión, pero, entonces, me detuve otra vez.
- Gabriel – le dijo Betsabé - ¿acaso debemos estar acá? – Gabriel la abrazó.
- No veo falta en que estamos juntos ¿existe falta?
Los miré detrás de los árboles.
- No. No la hay. Porque ante mi vista eres el ser más interesante que hay – y lo abrazó con fuerza mientras recorría sus cabellos con sus dedos.
- Soy entonces, el más dichoso de los seres, por mostrarme interesante para ti.
Entonces Betsabé le dio un beso y con el beso iniciaron un acto que ninguno de los conocía. Se exploraron, se conocieron. Más que eso, se entregaron.
(Génesis 6: 2-4 “Los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban. Entonces el Señor dijo: No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días ciento veinte años. Y había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas le dieron a luz hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre”.)
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