En ella se redimen mis pecados,
porque mis pecados tienen la forma de su cuerpo,
el equilibrio de su voz
y la calidez de mis huesos helados.
En ella se forman los continentes
y los mares acarician las olas,
en ella que tiene los ojos potentes
y un jardín por cabello para que jueguen las mariposas.
La locura es evitar mirarla
porque su mirada es un verso de pasión,
¿puede un tonto plebeyo desearla?
y si no es así, qué le digo al corazón.
Que mi horario coincida con sus baños de luces
porque mi trabajo es ver su belleza,
que me cuelguen del Cielo con dos cruces
porque es la santa a la que mi alma le reza.
En ella se bañan mis ojos,
en ella se mojan todos mis cabellos,
en ella y sus escotes rojos
donde los pueblerinos se vuelven caballeros.
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