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Evangelio del Arcángel Miguel (Capítulo Uno)

 Salmo 82 “Dios está en la reunión de los dioses;

      en medio de los dioses juzga”


Sucedió entonces, que antes de que las rocas dieran vida y existiera el día y la noche, estaba el Consejo reunido. Estábamos Samael, Rafael, Uriel, Gabriel, Lucifer, Azrael y yo. Sentados alrededor del trono donde gobierna Dios. Cada uno con una visión de aquello tan complejo que nos había tomado más rato del que suponía.


- ¿Alguno de ustedes conoce algo desde la última reunión? – todos miramos a Azrael.

- Para ser sinceros – acotó Lucifer – no es mucho lo que se haya avanzado. En realidad.


Rafael se levantó. Dio dos vueltas alrededor del Consejo mirando a cada uno. Luego se detuvo detrás de Gabriel.


- No importa lo que se haya avanzado. Lo importante es lo que podamos avanzar a partir de ahora.

- ¿A partir de ahora?

- Sí, Samael.

- Pero ¿es que se han dado nuevas órdenes?

- No. No todavía. Dios está esperando que presentemos un proyecto.

- ¿Basados en qué? – hizo notar Lucifer.

- No lo sé – respondió Rafael algo apenado.    


Nos miramos. Perdidos. Sin la mínima idea de lo que había que hacer. Rafael volvió a sentarse donde correspondía. Nadie le discutía los asuntos que traía ante el Consejo. Nadie excepto Gabriel, que posee un instinto de guerra. Las palabras no son nada sin el peligro de que alguien las malinterprete. Sin el peligro de que alguien se adueñe de ellas.


- Les diré en lo que debemos basarnos – Gabriel tomó la palabra – no debemos basarnos en nada que conozcamos – miramos estupefactos – porque se trata de ser diferentes ¿no? Bueno, la diferencia debe ser la base de nuestro proyecto.

- Y ¿qué sugieres? ¿No corresponde acaso a Dios?

- No, Uriel. Corresponde a nosotros presentar las cosas, para que él se encargue de hacerlas diferentes.

- Ciertamente, no creo comprender entonces nuestro papel.

- Debes de… – le contestó Gabriel con firmeza – así como lo hemos comprendido antes.


A lo interno pasan muchas cosas en momentos como este. Momentos en los que Dios le da obligaciones al Consejo para que este lleve a cabo los proyectos que quiere ver. Porque han de saber que, aunque Dios es todopoderoso y en él todo tiene un propósito, existe el Consejo. Un grupo de arcángeles que sirven como apoyo a él y que en ocasiones facilitan las cosas o las complican, dependiendo de lo que sea que sucede. Las reuniones comenzaban siempre con un saludo al Creador, la respectiva oración de gloria y finalizaba, de la misma manera. El salón estaba construido a base de mármol, con piedra caliza como piso y altos techos labrados en maderas finas. Un arco de oro rodeaba la única puerta de acceso. Carecía de ventanas. Una mesa amplia con siete sillas acolchadas y candelabros en cada una de las esquinas. Dos cataratas formaban un río alrededor del salón, que además bordeaban un jardín principal.


- No te angusties – le dijo Lucifer a Gabriel cuando todos se marcharon – se nos dan responsabilidades porque podemos cumplirlas.

- Lo sé, amigo. Pero en estos momentos me pregunto si tengo lo necesario para portar la voz.

- Por supuesto que lo tienes. Mira. Hay algunas cosas de las que quisiera hablarte, si estás de acuerdo. Claro está. Pero el momento lo dirás tú.

- ¿Yo? Lucifer, te estoy siendo sincero. Tengo dudas de mí.

- No dudes de ti. Siempre vas a tener mi apoyo. Donde mires tú, ahí miraré yo. Porque a cada uno le ha sido dadas sus cualidades, porque todos somos distintos e importantes. Nadie debe sobresalir, porque formamos un mismo cuerpo, un solo colegio. Lo que somos es porque es lo que debemos ser. Nuestras fuerzas no desfallecen por Dios, desfallecen por nuestras dudas, Gabriel. Sepulta tus dudas y verás la grandeza en cuanto hagas.


Entonces Gabriel asintió, se dieron la mano y ambos se marcharon del salón. En ese momento Dios ingresó en el salón, pero no encontró ningún avance en el proyecto que había solicitado al Consejo.

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