Manos acariciando lo prohibido, lo tabú,
cuellos alargados y manchados de un rojo betún
que se siente como el fuego mismo,
dos labios dispuestos a amar...
caliéntame con besos que esta noche me pienso dejar.
Dedos como alfileres pinchando mi conciencia,
oídos sordos que no entienden de paciencia,
respiración entrecortada y una cornada en mi muñequera,
deslízate suavemente, que queda espacio en mi guantera.
No medites tanto... no lo pienses de más,
déjate llegar que hay un espacio vacío
en la ducha conmigo,
avísame la hora que te pienso esperar.
Uñas que me arañan la piel,
lenguas que me mojan el oído,
de una vez te aviso que me empiezo a perder
en este instante contigo.
Caperucita esperando que se la coma el lobo feroz,
Jezabel esperando el pecado en la habitación.
No te quites la ropa que prefiero quitarla yo,
deja que navegue los mares de tu corazón.
Luces afuera, que en la oscuridad me amas mejor,
niños y niñas del otro lado de la puerta
que ya casi empieza lo mejor,
Caperucita con aullidos y Jezabel con permiso del rey,
alza tu copa que hoy brindo con tu espalda a placer.
Luces afuera, todos los niños a dormir
que hoy se presagia un juego prohibido...
gracias por venir.
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