> Ofelia (Capítulo Tres: Síndrome Escolar) Ir al contenido principal

Destacado

Habitas mi piel

 Habitas mi piel y yo me regocijo al tenerte, andas las calles de mis venas y yo, no pongo orden, voy complaciente a dejar que toda ley tuya me posea. Recorres con tu piel mi figura y le quito dos gramos de sal a ese mar que se adueña poco a poco de tu cintura, cual continente nuevo me dejo conquistar. Ganas de saber que soy totalmente tuyo, aunque no soy del sol, a veces suelo pensar, ganas de ir y escapar entre tus arrullos, besarte algo mas que la boca y dejarme domar. Habitas mi piel y en medio colchón te dejas querer, yo no soy país, soy solo provincia deseando pertenecer… al olor de tu piel. Dulce gemido que ayer fue suspiro y hoy es sucursal del Jardín del Edén, liberen los gritos, me siento bendito de conocer la pasión que vive en cuerpo de mujer. Habito tu piel, me da lujuria pensarte, y aunque no es de cristianos quiero besarte, que eres diosa del arte de hacerme estremecer.

Ofelia (Capítulo Tres: Síndrome Escolar)

 

-            ¿Qué tal estos? – dijo la vendedora con un zapato en la mano mientras yo me colocaba el otro en el pie derecho – están muy lindos.

-            Sí, la verdad es que sí – y miré a mi madre con los ojos tan tristes como pude.

-            ¿Tiene otros? – preguntó con algo de dudas. La muchacha asintió con la cabeza y fue a buscar otro par de mi talla.

-            Mamá, están muy lindos.

-            Sí, yo no lo discuto. Pero con lo que tienes no te alcanza y yo lo que ando es para las compras. Además, todavía te falta el uniforme y los zapatos.

 

La misma situación sucedía cada verano antes de entrar a clases, el dinero que me ganaba durante las cogidas de café debía administrarlo para surtirme de todos los útiles que necesitara, así se tratara de un lápiz, los cuales tenía rotundamente prohibido morder porque debía mantenerlos tanto como fuera posible. Con la ropa no había tanta discusión, dado que era el uniforme estándar usado por los colegios en Costa Rica, camisa o blusa de color celeste, pantalón o enagua color azul y las medias del mismo color. Para el año mantenía dos blusas, un pantalón y una enagua. Aunque debo confesar que no me siento tan cómoda en esta última, me acomplejan mis piernas, que por cierto las tengo muy alineadas y bonitas, pero no me gusta mostrar piel, por absurdo que pueda parecer.

 

Por lo menos, ahora contaba con un poco más de libertad. Cuando pequeña, la cosa fue así: no me enviaron al kínder, mi padre preguntó insistentemente si era requisito indispensable para asistir luego a la escuela, pero mi madre averiguó que no, que podía irse a la escuela sin haber pasado antes por el kínder. Ante esto mi padre prefirió no enviarme, dado que de ir sería un gasto innecesario que cubrir y la economía familiar no daba para eso, así que cuando finalmente ingresé a primer año de la escuela no conocía a nadie. El grupo venía formado desde el kínder y me tocó, como todo en mi vida, adaptarme al entorno. Me sentía como un extraña al inicio y no fue hasta un par de semanas después, que por fin logré hacer amistad con Evelyn. Jugábamos cromos y otros juegos en el recreo.

 

Mis años de escuela transitaron con situaciones tan distintas que si me pongo a enumerarlas, formaría una lista tediosa, pero tomando en cuenta que dispongo de un poco de tiempo, no encuentro motivo para no contarlo en las siguientes páginas, aunque, bueno sí, no veo mayor problema, al fin y al cabo serán mis memorias, aunque se supone que las memorias de alguien son escritas cuando se llega hasta la vejez o a una buena edad como adulto, pero siento que algo tengo que contar y de este modo, liberar viejos fantasmas que me acompañan y me persiguen como si fueran parte de mi vida diaria, temo que así sea.

 

A mis catorce años no son quizás tantas las aventuras que haya podido tener, no he sido rescatada por un hermoso príncipe que se juega su vida por mí ante un dragón enorme que lance fuego por su boca, tampoco he visitado tierras lejanas ni mágicas donde reyes y magos viven mezclados tratando de librar al reino de las brujas malvadas. Como dice la letra de una canción que escuché en la radio “pero si me dan a elegir, entre todas las vidas yo escojo…” mi elección sería ser la novia de ese cantante mexicano al que miro en los programas de televisión y que tiene una voz y una cara simplemente divinas: si me dieran a elegir, yo elegiría ser la novia de Luis Miguel, porque es hermoso. Pero partiendo del hecho de que Luis Miguel no tiene la menor idea sobre mi existencia y de que el cuento de Cenicienta es solo eso, un cuento… pues estoy aquí, aplanchando el uniforme que llevaré mañana al colegio. Así que dejaremos el inicio de las narraciones para la siguiente vez, así me dará ocasión de decidir con cuál recuerdo comenzamos la bola de memorias que con un poco de suerte causará alguna sonrisa o esperemos que no… alguna lágrima.


Comentarios

Entradas populares