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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Santa Pasión

 


Bendita sea la pasión que es novia del amor, prima hermana del atrevimiento, cuñada de la locura y madre de la divina perversión.

- ¿Madre de la perversión? pero hombre... ¿de dónde sacas eso?.
- ¡Madre mía! ¡Ave María! ¡Los tres dulcísimos nombres!... a ver que te lo explico...

La pasión fue pasión desde que nació, el día que la esperanza la dio a luz, ese mismo día se veía que la niña traía algo escondido debajo del brazo.
Su padre, el olvido, esperaba un varón, porque ya tenía dos nenas: la comprensión y la responsabilidad, si ya le tenían hasta el nombre, pero me lo reservo para no contrariar la historia. Pero fue recibida con toda la felicidad que el milagro del nacimiento se merece.

Su primer grito demostró que su fuerza iba a terminar desnudando cuerpos e incendiando camas. Gritó con tremendo galillo. Si la niña ya traía esa llama en el alma, sólo dos meses de nacida y ya pintaba tremenda espuela. La inocencia la acompañó durante su niñez y no se atrevió ella a contradecirla, haciendo caso a cada indicación recibida, a cada señal, a cada cosa que se le señalara.

Ocurrió pues que el día de sus quince años, su madre le regaló un vestido plateado con encajes de agua dulce y zapatos de oro. El padre lloró al ver a la niña convertida en mujer, con su maquillaje de fuego, sus pechos como frutas de temporada, su cintura de hormiga y piernas a medio ver.

Después del vals, que bailó con su padre, miró la festejada que escondido en un rincón se hallaba un chico que llamó de enseguida su atención. Acercándose miró al sonrojo que no se atrevía a mirarla. Aquello fue un flechazo directo al corazón, un accidente con sentido y gracia. Sonrojo siguió acongojado, en tanto la chica tomaba su mano y lo acariciaba con sus dedos. El pobre hombre estaba a punto de soltarse a llorar cuando sintió que algo pasaba en su cuerpo, la chica le había plantado un beso y él no reaccionaba. Pero como buena mujer, no aguantó ser ignorada y volvió a besarlo con más fuerza, intercambiando besos y sonrisas.

Aquél día el sonrojo y la pasión comenzaron un amor que tuvo tres hermosas hijas: perversión, lujuria y placer. Es por eso que yo te miro con placer mientras me sonrojo sintiendo la lujuria que tu perversión provoca en mi pasión.

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