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Ofelia (Capítulo diecisiete/Final: Y vivieron felices por siempre

 ¿Apresurado? No. Esa no es la palabra. Si llego al final de lo que te he contado, es porque me gustan los finales felices. Los finales de cuentos de hadas. Y vivieron felices por siempre. Así debe terminar una historia.  Rechacé a Joaquín. Cierto. Pero pocos días después volvió a llamarme. Lo del sábado anterior no había disminuido sus ganas de hablarme, y eso me alegraba. Porque tampoco habían disminuido mis ganas de saber de él. Joaquín seguía tratándome tan lindo como siempre, yo seguía viéndolo en la farmacia donde trabajaba. En ocasiones llegaba a mi casa para ayudarme con alguna tarea del colegio, porque las matemáticas nunca fueron lo mío y dado que estudia arquitectura, comprende mejor que yo sobre los números y ecuaciones. Seguíamos igual que antes.  El año nuevo llegó. Comenzamos el año dos mil uno. Ya han pasado algunos meses desde que Joaquín se animó a confesarme que soy la musa a quien escribe sus versos de amor. Le he dicho que venga este miércoles a casa,...

Perfiles Psicológicos (Fabián)

 


Los ojos sumidos en la desolación, en el pensar sobre las cosas desgraciadas que pasan una vez y hacen que las sigamos esperando, como si eso nos ayudara en algo en el diario vivir.

- Buenas tardes, Fabián, ¿cómo está?

- Todo bien, gracias a Dios y ¿usted doctora?

- Bien. Gracias por aceptar. Dígame, ¿por qué aceptó la invitación?

Tardó un momento mientras pensaba la respuesta, tal vez no tenía tan claros los motivos por los que había aceptado, podía ser que el diseño de los pisos fuera muy llamativo, quizás, los ruidos de la calle lo entretenían.

- Siento que es una forma linda de autoayuda, tanto para mí como para los demás.

- Antes no creía poder ayudarse a sí mismo. ¿Qué ha hecho para mejorar?

- Es más fácil cuando uno se ve a través de otra persona reflejada, ya sea algo ficticio o real. Creo que aún me queda mucho por mejorar.

- Nadie mejora en un día, a algunos les lleva una vida, si intenta mejorar a la carrera, no va a entender el verdadero proceso que lo llevó a ser mejor. Hace una semana, me preguntó si yo lo había visto feliz alguna vez y esa respuesta no puedo dársela yo, usted debe responderse, ¿alguna vez fue feliz?

Volvió a mirar los pisos, pensativo, trataba de mejorar él. Fabián es de las personas que ocupan espacio para ellos, porque hay cosas que los complican, los perjudican, aunque en ellos estén las soluciones para sus propios problemas.

- He tratado de hacer pequeños cambios, ir con usted que me deja tareas, meditar por las noches, subir las escaleras para llegar a mi oficina de trabajo. Pero el secreto es la constancia –tomó un poco de agua- también me he alejado de personas y cosas, no porque no las aprecie, sino para estar más solo y encontrarme con mi verdadero yo. Realmente todos sabemos qué nos pasa, simplemente no lo aceptamos.

- Y por qué no acepta que usted no tiene superpoderes, es un hombre normal. Nadie tiene superpoderes –me detuve un momento- no me contestó, ¿alguna vez fue feliz?

- Sí, claro que alguna vez fui feliz.

- Y si fue capaz de serlo, ¿qué le impide volver ahí?

- Tal vez que ya uno no vive en un mundo de fantasía. Y salir al mundo real es lo que a uno le da miedo.

- Siempre ha vivido en un mundo real. Recuerda la última vez que ocupó hablar con alguien y no tenía a nadie ¿Cómo lo resolvió?

- Llorando solo.

- Su búsqueda de la felicidad termina el día en que usted se entere de que usted siempre fue capaz y que salió de muchas cosas sin darse cuenta

Se acomodó el cabello, volvió a servirse un poco de agua y continuamos.

- Contrario a lo que usted cree, usted no empezó sus males aquella tarde, esa tarde simplemente se graduaron sus miedos, y está bien, el ser humano siempre ha tenido miedo, pero aun así conseguimos muchas cosas. Su tarea es hacer una lista de aquellas cosas que consiguió hacer, sin darse cuenta de que las lograba.

- Esa tarde no se olvida.

- Y no la olvide, porque ahí empezó a hacerse más fuerte, después se dará cuenta. ¿Le parece si jugamos algo, para ir terminando?

- Está bien.

- Voy a regalarle tres palabras, una la identifico con usted, las otras dos, no. Escoja una, me avisa cuando la haya elegido, pero no me diga la palabra que escogió. Las palabras son: timidez, cobardía, lascivia.

Nuevamente tendió a quedarse en el limbo, pensativo, como si se complicara el escoger la palabra adecuada para él. Cuesta definirnos a nosotros mismos y yo no pretendo definirlo, solamente ayudarlo a darse cuenta de que el principal problema de él radica en su cabeza y ahí él es rey soberano.

- Listo.

- Perfecto, gracias por el tiempo. Espero que mañana amanezca dándose cuenta de que su superpoder es seguir adelante, sin darse por vencido, porque confía en que un día va a superar todo.

Luego, me puse de pie, me dio la mano con un fuerte apretón y nos despedimos. Hay cosas que quedan como pactos entre caballeros. 


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